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Libertad de cátedra en economía, política e ideología

La enseñanza superior, entiéndase de índole universitaria, es basada en un principio fundamental derivado de la norma prima y primaria de la república, entiéndase la Constitución Política, documento que resguarda y consagra la libertad de cátedra como un eje esencial y estructural de la formación profesional de alto nivel en el país. Este precepto radica en el supuesto de una libre enseñanza de diferentes aproximaciones dadas para un fenómeno en particular, donde el docente y los estudiantes puedan abordar de forma segura un determinado tópico, esto sin ser sujetos de persecución alguna, represalia o discriminación eventual.

Esta lógica sostiene su fundamento en el hecho que, y para efectos de la enseñanza universitaria, se trabaja con personas mayores de edad, cuya madurez emocional e intelectual, se presume es la suficiente para formar un criterio propio en referencia a alguna temática en particular, derivando así en la posible incorporación de distintos puntos de vista, e incluso diferentes versiones de un fenómeno histórico o intelectual, permitiendo así contar con un espectro total del acontecimiento en cuestión. Si bien es cierto, al menos en la concepción de la libertad de cátedra, este es el enfoque que debiese darse, lamentablemente es notaria la existencia de sesgos y la inoperancia de la enseñanza de espectros ideológicos y pragmáticos diversos en ciertos espacios universitarios.

Para estos efectos es importante, primeramente, la definición etimológica y técnica del concepto de educación, el cual radica en el uso de un marco teórico y conceptual, el cual debe ser expuesto en todas sus diferentes aristas por parte del docente para con el educando, mostrando las hipótesis y sus elementos contrarios, así como el abordaje de todas las posiciones y disposiciones existentes, debiendo cubrirse aquellas posiciones a favor y en contra del contenido que se está analizando, no dejando de lado ideas, que por un criterio muchas veces sesgado del docente, no son permitidas en su discusión.

Una vez cubiertas las diferentes tesis y antítesis, puede el estudiante plantear y posicionar su criterio propio, es decir, esta construcción ideológica e intelectual de una concepción educativa deviene del análisis de diferentes posturas de un mismo elemento didáctico y andragógico, permitiendo la formación de una opinión técnica basada en la totalidad del cuadro fáctico de una dinámica educativa particular, esto sin intromisión alguna por parte del facilitador o mediador del proceso de formación, entiéndase el docente. De esta forma se tendría un proceso integral de educación, el cual responde a los principios de libertad de expresión y creencia, pero más relevante aún, sustentado en una elección individual y libre de sesgos de influencia o manipulación.

Ahora bien, de forma lamentable y quizás más usual de lo que se desease, se observa la contraparte de lo que un proceso educativo sería, siendo esto el adoctrinamiento, el cual y a diferencia de la educación, es basado en la instrucción y cobertura de una única e inmutable línea de pensamiento, donde solo son permitidas las posiciones que sean abiertamente, o al menos, indirectamente coherentes con aquella idea que unilateralmente se ha decidido enseñar. De forma más agravante aún, la posición que se decide cubrir es definida, en muchos casos por el mismo docente, que en seguimiento de intereses propios, o bien, de entidades superiores, sociales, sindicales, políticas, empresariales u otras, definen la línea de pensamiento que debe seguirse.

Bajo esta línea de actuación, el educando adolece de la posibilidad referente a la observancia del espectro completo de pensamiento, obviándose los antagonismos y las hipótesis contrarias a aquella posición que el profesor de turno haya decidido cubrir, creando un claro sesgo de cognición y de ideología en la persona aprendiente. Al darse este funcionamiento, suele asociarse a la discriminación pasiva, donde y en caso de que se presente algún estudiante que intente incorporar una idea contraria al pensamiento impuesto, este tiende a sufrir una segregación derivada, observable en el soslayo hacía las ideas, ataques personales, o bien, donde se desacredita a la persona más que al argumento, implicando así un claro adoctrinamiento de pensamiento.

Los ejemplos son abundantes, donde solo por mencionar algunos casos puede observarse la discusión de un fenómeno bélico en el cual el profesor simplemente se limita a criticar a un bando sin dar paso a la discusión abierta de las acciones del otro, esto basado en preferencias políticas o ideológicas. También es usual ver este sesgo en temas de naturaleza económica, precisando que solo se permite el uso de un discurso de ideas ligadas a movimientos mal llamados sociales con enfoque a una posición, mientras que su contraparte ni tan siquiera es permitida en clases, o bien, cuando el profesor simplemente decide no usar fuentes bibliográficas contrapuestas.

Ejemplos de lo anterior y en aras de plantear una reflexión, son observables en casos donde solo se da la discusión desde una óptica, resaltando temas tales como socialismo y capitalismo, izquierda y derecha, guerras por conceptos religiosos donde solo se apoya a un país sin analizar toda la dinámica, estatización de servicios versus apertura de mercados, posiciones proaborto o provida, solo por mencionar algunos. En esta línea de ideas, cabe recalcar que el sesgo ideológico puede darse para uno u otro lado, esto depende completamente de la línea ideológica del docente, donde es curioso observar casos en que se toma como referencia a figuras históricas mal llamados revolucionarios, que en el fondo han sido asesinos políticos, todo por generar un adoctrinamiento por encima de lo que sería un proceso de educación imparcial.

En línea de lo anterior, también es de relevancia señalar que la posición ideológica docente no es algo que se considere incorrecto, al contrario, incluso pareciera ser necesaria en situaciones personales y sociales, no obstante, la posición del educador universitario no debe ser enfocada en un posicionamiento dado al adoctrinamiento, es decir, no debe ser parcial a ideas que pudiesen evitar la educación completa y libre del educando. Vale señalar que el adoctrinamiento universitario puede darse, ya sea por acción o por inacción, implicando que el profesor puede de forma directa y voluntaria elegir una sola línea de pensamiento e imponer su enseñanza, o bien, puede realizarlo de forma casi inconsciente, esto en seguimiento de su misma línea ideológica, debiendo ser más diligente aún en estos casos.

Tal cual puede observarse, la educación y el adoctrinamiento son contrarios en su etimología y esencia mismas, donde el primero radica en la observancia de todas las ideas, ideologías y posiciones de un mismo fenómeno, y que sea el estudiante quien se forme su criterio sin que el docente influya de previo, mientras que el segundo deviene de la imposición o permisión de una única línea de pensamiento analizado, donde el educador juega un rol de influencia directa con injerencia en la formación ideológica de la persona estudiante. Sin duda hay defensores de esta forma de adoctrinamiento, donde su justificante radica en un bien social mayor, no obstante, debe recordarse que esto es mera percepción, y es donde los contenidos objetivos de fondo son fundamentales, resaltando puntos tales como la interrogante sobre cual sistema político económico ha logrado eliminar más pobreza históricamente, o bien, de que tipo de ideología son los países desde donde migran las personas por problemas económicos, entre otros.

La reflexión final parece enfocarse en la importancia de un libre pensamiento en el ejercicio de la libertad de cátedra universitaria, en particular en temas de carácter político, económico e ideológicos, donde el docente, aunque puede tener su posición definida, esta no debe ser un objeto de estudio, debiendo como educador tener un rol de mediación entre el estudiante y todo el espectro ideológico y técnico del fenómeno de aprendizaje.