Imagine una familia costarricense que recibe una gran noticia: la familia va a crecer y la casa necesita más espacio. La primera reacción podría ser construir una habitación nueva, con todo lo que eso implica en tiempo, permisos e inversión. Pero antes de hacerlo, deciden abrir ese cuarto donde durante años han acumulado cajas, muebles viejos y toda clase de chunches. Después de ordenar y reorganizar, descubren que gran parte del espacio que necesitaban ya estaba ahí.
La eficiencia energética funciona de forma muy similar.
Cuando la economía crece, las empresas producen más, los hoteles reciben más turistas y las zonas francas se expanden. La reacción natural es pensar que necesitaremos más plantas eléctricas, más infraestructura y más capacidad de generación. Sin embargo, antes de construir más, vale la pena preguntarnos cuánto espacio sigue ocupado por nuestros "chunches energéticos": equipos ineficientes, procesos mal gestionados y energía que consumimos sin generar valor.
La eficiencia energética consiste precisamente en eso: producir más, crecer más y generar más riqueza utilizando mejor la energía que ya tenemos disponible. No se trata de apagar bombillos ni de limitar la actividad económica; se trata de eliminar desperdicios, aumentar la productividad y hacer más con menos.
Y para Costa Rica, esta podría ser una de las oportunidades económicas más importantes de la próxima década. No lo dice únicamente el sector privado. El propio VII Plan Nacional de Energía identifica la eficiencia energética como una de las principales oportunidades para impulsar el desarrollo sostenible, reducir el crecimiento de la demanda energética, evitar inversiones innecesarias en infraestructura y mejorar la competitividad del aparato productivo nacional.
Una ventaja competitiva que ya tenemos
Costa Rica ha construido durante décadas una reputación internacional extraordinaria.
Somos reconocidos por nuestros parques nacionales, por la protección de nuestros bosques, por nuestra matriz eléctrica renovable y por nuestra visión de sostenibilidad.
No es casualidad que la Agencia Internacional de Energía destaque a Costa Rica como uno de los países con mayor electrificación de América Latina y con una generación eléctrica prácticamente renovable.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre generar electricidad renovable y utilizarla eficientemente.
Si una empresa desperdicia energía, seguirá desperdiciándola, aunque esa energía provenga de una fuente renovable.
La sostenibilidad no termina cuando la electricidad sale de una planta hidroeléctrica, geotérmica o eólica. Comienza precisamente cuando esa energía llega a los procesos productivos, los edificios, los hoteles, los comercios y los hogares.
Por eso los países más competitivos del mundo han entendido algo fundamental: la eficiencia energética no es únicamente una política ambiental; es una política de desarrollo económico.
La Agencia Internacional de Energía estima que las mejoras en eficiencia energética han permitido ahorrar volúmenes de energía equivalentes a cerca del 20% de la demanda total en economías avanzadas durante las últimas dos décadas, generando simultáneamente beneficios en competitividad, seguridad energética y reducción de costos.
Lo que Costa Rica ya decidió hacer
Lo interesante es que esto no es una idea nueva.
Desde 2015, el VII Plan Nacional de Energía estableció como uno de sus ejes principales la eficiencia energética. El documento plantea explícitamente la necesidad de elevar la eficiencia energética, mejorar la gestión de la demanda eléctrica, modernizar el marco legal especializado y adecuar las tarifas para fomentar comportamientos más eficientes.
Incluso el Plan Nacional de Energía dedica un eje completo denominado "En la senda de la eficiencia energética" y establece entre sus objetivos estratégicos adecuar las tarifas eléctricas para fomentar la eficiencia energética.
Más recientemente, la Contribución Nacionalmente Determinada (CND) 2025-2035 reafirma esa visión al señalar que en industria y construcción la eficiencia debe ser una prioridad dentro de la estrategia nacional de descarbonización. También reconoce que una transición climática exitosa debe generar bienestar, competitividad y estabilidad para los usuarios.
Es decir, existe una línea de política pública consistente durante más de una década.
El reto ya no es definir si la eficiencia energética es importante.
El reto es ejecutarla.
La importancia de los incentivos correctos
Y aquí aparece un concepto económico sencillo: las personas y las empresas responden muy bien a los incentivos.
Si el país desea que las organizaciones inviertan en sistemas de gestión energética, medición avanzada, automatización, electrificación eficiente y mejora continua, esos esfuerzos deben tener reconocimiento tangible.
Por esa razón se creó la tarifa TMT-b.
Su lógica es simple: incentivar a las empresas que realizan esfuerzos comprobables de eficiencia energética y gestión responsable de la energía.
En los últimos meses, diversas interpretaciones regulatorias han generado incertidumbre sobre su aplicación. Sin embargo, tanto el Minae como Aresep han reiterado en documentos oficiales que la certificación ISO 50001 constituye un mecanismo excepcional válido para acceder a la tarifa y que no existe una restricción sectorial expresa que limite su aplicación exclusivamente a empresas industriales.
Más allá del debate jurídico puntual, existe una reflexión de fondo.
Cuando una empresa decide invertir recursos para certificarse bajo ISO 50001, medir su desempeño energético, establecer objetivos de mejora y demostrar resultados verificables, está haciendo exactamente lo que el país ha venido promoviendo desde hace años.
Castigar o desincentivar esas inversiones envía una señal contradictoria.
Fortalecerlas envía una señal de confianza.
Y la confianza es uno de los activos más importantes para cualquier economía.
Construyendo juntos una Costa Rica más eficiente
Fue precisamente esa convicción la que llevó a un grupo de profesionales del sector energético, la sostenibilidad, la industria y la gestión empresarial a impulsar la creación de la Cámara de Eficiencia Energética de Costa Rica.
La motivación es sencilla: Costa Rica necesita consolidar un verdadero mercado de eficiencia energética.
Un ecosistema donde empresas, academia, consultores, proveedores de tecnología, desarrolladores de proyectos, entidades financieras y tomadores de decisión trabajen de forma coordinada para acelerar la competitividad energética del país.
La eficiencia energética no debería verse como un gasto.
Debería verse como una inversión productiva.
No debería verse únicamente como una herramienta ambiental.
Debería entenderse como una estrategia para aumentar la productividad, atraer inversión, fortalecer la descarbonización y generar empleo especializado.
La Cámara nace precisamente con esa visión: aportar conocimiento técnico, promover buenas prácticas, impulsar políticas públicas coherentes y fortalecer la seguridad jurídica necesaria para que las inversiones en eficiencia energética continúen creciendo.
Las personas, empresas e instituciones interesadas en formar parte de esta iniciativa pueden escribir a [email protected].
El próximo gran paso de la marca Costa Rica
Durante años hemos vendido al mundo la imagen de un país que produce energía limpia.
Tal vez llegó el momento de dar el siguiente paso.
Convertirnos también en el país que mejor utiliza esa energía.
Porque la verdadera sostenibilidad no consiste únicamente en generar electricidad renovable.
Consiste en transformar cada kilovatio en bienestar, competitividad y prosperidad.
Al final, la energía más verde, más barata y competitiva no es la que producimos. Es la que aprendemos a no desperdiciar.
