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Inteligencia artificial para todos: una oportunidad para los microempresarios de Costa Rica

Cada generación enfrenta el desafío de construir el futuro con las herramientas que recibe y las oportunidades que crea. Como ha señalado el papa León XIV en Magnifica Humanitas, “cada época debe dar forma a su propio tiempo, procurando que la historia sea un espacio donde se proteja la dignidad de cada persona, se promueva la justicia y se haga posible la fraternidad. Pero también advierte que siempre existe el riesgo de construir un mundo más inhumano y más injusto. Frente al avance de la inteligencia artificial (IA), sus preguntas resultan decisivas: ¿hacia dónde vamos?, ¿qué meta queremos alcanzar?, ¿qué dirección debemos elegir como comunidad humana y como pueblos?”

Estas preguntas son especialmente relevantes para Costa Rica. Miles de familias dependen de microempresas, negocios familiares, actividades agrícolas, comercio minorista, servicios personales o trabajo por cuenta propia. Muchos de estos emprendimientos enfrentan limitaciones de financiamiento, acceso a mercados, información, capacitación y tecnología. Su principal problema no suele ser la falta de esfuerzo o talento, sino la baja productividad.

La buena noticia es que la IA puede ayudar a cambiar esta realidad.

Cuando se habla de inteligencia artificial, muchas personas piensan en robots, grandes empresas tecnológicas o sofisticados centros de datos. Sin embargo, algunas de sus aplicaciones más transformadoras podrían estar precisamente en los sectores de menor productividad. La experiencia de India ofrece una lección valiosa.

Plataformas como Flipkart B2B y JioMart han comenzado a brindar a pequeños comerciantes herramientas digitales que utilizan IA para pronosticar la demanda, optimizar inventarios, sugerir precios, coordinar compras y mejorar la logística. Un vendedor puede usar solo un teléfono móvil para anticipar qué productos tendrán mayor demanda, cuánto inventario debe adquirir y cuáles precios son más convenientes. Capacidades que antes estaban reservadas para grandes cadenas comerciales hoy pueden llegar a pequeños negocios e incluso a trabajadores informales.

Esta visión ha sido expuesta por Ravi Venkatesan, empresario indio y actual presidente de la Global Energy Alliance for People and Planet. En un artículo reciente, Venkatesan sostiene que la verdadera revolución de la IA en los países en desarrollo no está únicamente en los sectores de alta tecnología, sino en su capacidad para aumentar la productividad de millones de trabajadores, pequeños comerciantes, agricultores y microempresarios que operan en actividades de baja productividad. Según su argumento, la IA puede convertirse en una infraestructura de desarrollo comparable a la electrificación rural, las carreteras o las telecomunicaciones.

El resultado es simple pero poderoso: mayores ventas, menores pérdidas y mejores ingresos.

La enseñanza para Costa Rica es clara. La IA no debe verse solo como una herramienta para grandes empresas o profesionales altamente calificados. También puede ser una herramienta de inclusión económica y movilidad social.

Pensemos en un pequeño agricultor de la Zona Norte. Con aplicaciones basadas en IA podría recibir recomendaciones personalizadas sobre fertilización, manejo de plagas, riego y predicción climática. Un comerciante en Limón podría utilizar herramientas que analicen patrones de compra de sus clientes para administrar mejor su inventario. Una emprendedora que vende productos artesanales podría generar campañas de mercadeo digital, diseñar contenidos para redes sociales y responder consultas de clientes mediante asistentes virtuales de bajo costo. Incluso un trabajador independiente podría utilizar herramientas de IA para mejorar la administración de su negocio, controlar gastos, preparar cotizaciones o identificar nuevas oportunidades de mercado.

Lo más importante es que estas mejoras no requieren necesariamente años de educación universitaria ni grandes inversiones de capital. Requieren acceso a herramientas digitales sencillas, adaptadas al idioma y a las necesidades de los usuarios.

Esto obliga a repensar las políticas de desarrollo productivo. Costa Rica ha hecho bien en atraer inversión extranjera, promover exportaciones y fortalecer sectores modernos de la economía. Esas políticas deben mantenerse. Pero el reto pendiente es elevar la productividad del amplio universo de microempresas, trabajadores independientes e informales que operan lejos de los sectores más dinámicos.

La IA puede ser un puente entre esos dos mundos.

Además, estas tecnologías pueden difundirse con rapidez. Construir una fábrica requiere años y grandes recursos. En cambio, una aplicación móvil bien diseñada puede llegar a miles de pequeños negocios en todo el país. Pero esto no ocurrirá automáticamente. Se necesita conectividad de calidad, alfabetización digital, financiamiento, confianza y reglas que eviten que los beneficios sean capturados únicamente por grandes plataformas.

Aquí surge una agenda clara para Costa Rica. El sector público podría promover programas de alfabetización digital e inteligencia artificial dirigidos a microempresarios. Los bancos estatales podrían facilitar financiamiento para la adopción de herramientas digitales. Las universidades y centros de investigación podrían desarrollar soluciones adaptadas a las necesidades de pequeños productores. Las cámaras empresariales podrían facilitar capacitación y plataformas compartidas de comercialización. Y las empresas tecnológicas podrían diseñar aplicaciones sencillas, accesibles y de bajo costo para los sectores de menor productividad.

En otras palabras, la inteligencia artificial debería ser concebida como una infraestructura de desarrollo, tan importante como las carreteras, la electricidad o las telecomunicaciones.

La verdadera pregunta ya no es si la inteligencia artificial transformará la economía. Lo hará. La cuestión es si Costa Rica logrará que esa transformación beneficie únicamente a las grandes empresas y a los trabajadores altamente calificados, o si aprovechará esta oportunidad histórica para incorporar también a miles de pequeños emprendedores, comerciantes informales, agricultores, artesanos y trabajadores independientes al proceso de modernización económica. En el fondo, el debate sobre la IA es también un debate sobre el tipo de sociedad que queremos construir. Retomando las preguntas planteadas por el Papa León XIV, debemos decidir hacia dónde queremos ir como nación y qué dirección deseamos elegir como comunidad humana. Si utilizamos la inteligencia artificial para ampliar oportunidades, fortalecer capacidades y dignificar el trabajo de quienes hoy enfrentan mayores limitaciones, estaremos construyendo una economía más productiva, pero también una sociedad más justa, inclusiva y fraterna. Ese es, quizás, el mayor desafío y la mayor oportunidad de nuestra generación.