El artista costarricense reflexiona sobre su retrospectiva en el Museo de Arte Costarricense, su relación con San José y el lugar del arte contemporáneo en tiempos de consumo acelerado.
El artista costarricense Federico Herrero afirma que una exposición de arte debe funcionar como un espacio para pensar, detenerse y mirar de otra manera, especialmente en un contexto marcado por el consumo rápido de contenidos.
A propósito de Memoria topográfica. Revisión 1999–2026, retrospectiva que reúne casi tres décadas de su trabajo en el Museo de Arte Costarricense, Herrero comentó a Delfino.CR que el arte no necesariamente debe cumplir una función de entretenimiento.
Una exposición de arte no es entretenimiento, el arte no está hecho para agradar a todo el mundo, no es necesario, no es una meta”.
La muestra, abierta al público hasta noviembre de 2026, reúne alrededor de 30 obras pictóricas, materiales de archivo e intervenciones efímeras. El recorrido permite revisar distintas etapas del trabajo de Herrero, marcado por el uso del color, la observación del espacio urbano y la relación con San José como territorio visual.

Volver a mirar tres décadas de trabajo
Herrero explicó que el proceso de reunir obras producidas desde 1999 le permitió reencontrarse con piezas que no veía desde hacía unos 25 años. Según indicó, esa revisión le permitió observar cómo su trabajo pudo haber tomado distintas direcciones y cómo evolucionó tanto en ideas como en forma.
Descubrí muchas cosas. El trabajo pudo tomar muchas direcciones, así que fue una de las reflexiones más inmediatas: ver cómo se desarrolló, qué dirección tomó, no solo en las ideas y conceptos, sino también en la manifestación física”.
El artista señaló que en sus primeras pinturas aparecían grafismos que luego dejaron de estar presentes, así como otras formas de colocar la pintura que fueron cambiando con el tiempo. También destacó que la retrospectiva permite mostrar, por primera vez en conjunto, pinturas sobre tela junto con obras efímeras.

Para construir la exposición, el proceso de revisión tomó cerca de año y medio. Herrero indicó que una parte importante consistió en identificar las obras que permanecían en Costa Rica, ya que muchas salieron del país para exposiciones internacionales.
El artista agregó que la selección no dependió únicamente de la importancia de cada pieza dentro de su trayectoria, sino también de su relación con el espacio del museo.
Había obras que por ser tan grandes tuvimos que pasar por la difícil decisión de no incluirlas, para ser fieles a las proporciones de las salas del museo, y creo que eso se siente bien: es un recorrido más amable para las personas que visitan la exposición”.
San José como archivo visual
Uno de los ejes de Memoria topográfica. Revisión 1999–2026 es la relación entre la obra de Herrero y San José. El artista ha descrito la ciudad como un laboratorio de exploración y, en esta revisión, vuelve sobre esa idea desde la pintura, el archivo y la intervención espacial.
Según Herrero, su manera de observar la ciudad pasa por atender fragmentos, esquinas, vacíos y zonas intermedias.
Hay muchas maneras de ver la ciudad. La mía está en poner atención a fragmentos y esquinas, los lugares donde las cosas no se tocan o los espacios entre las cosas, el vacío como volumen”.
El artista explicó que esas observaciones se recolectan en caminatas y luego regresan al taller, donde se transforman en formas y color. Para Herrero, caminar sigue siendo una parte central de ese proceso.
Caminar es una gran parte de esto, caminatas sin rumbo”.
Sobre lo que le evoca San José, Herrero la describe como una estructura abierta, en transformación constante.
Me evoca una gran estructura abierta y una historia escribiéndose, es un terreno fértil para ideas”.

La pintura fuera del lienzo
Además de obras sobre tela y archivo fotográfico, la exposición incluye una intervención pictórica en la terraza exterior del museo. Herrero explicó que llevar la pintura al entorno arquitectónico responde a su interés por vincular los espacios internos y externos que habitan las personas.
La casa donde uno vive, la ciudad donde uno está son una extensión del cuerpo, de nuestra existencia”.
El artista señaló que la intervención en la terraza fue pensada como un sitio para permanecer y experimentar un lugar común. Según indicó, la obra cambia con la luz del día, por lo que su relación con el color no es fija.
Esta obra es como un reloj de sol porque todo el tiempo cambia”.
Herrero también explicó que cada formato le permite activar relaciones distintas con el público. Mientras algunas obras trabajan más desde la contemplación, otras apelan directamente a los sentidos y a la experiencia corporal del espacio.
Una invitación a mirar sin academia previa
Consultado sobre lo que espera que experimente una persona sin conocimientos previos de arte contemporáneo, Herrero respondió que la exposición puede modificar la percepción sobre las superficies, los volúmenes y los vacíos de la ciudad.
Tal vez algo cambie en su percepción, en su manera de ver las superficies y los volúmenes de la ciudad y los espacios vacíos, en encontrar correspondencias”.
El artista también señaló que una muestra como esta puede servir para acercar a nuevas audiencias al arte contemporáneo sin exigirles una formación académica previa.
También que no necesitan de la academia para hacer arte, que pueden partir de su propia intuición”.
Para Herrero, los museos y las exposiciones abiertas al público pueden funcionar como espacios para suspender las jerarquías sociales y abrir un lugar común entre personas adultas, niñas y niños.
La exposición de arte es un instrumento para pensar de otras maneras, para pausar y cuestionar sistemas; es también el lugar donde niños y adultos pueden darse la libertad de jugar de nuevo sin las jerarquías sociales”.

En detalle
- Exposición: Memoria topográfica. Revisión 1999–2026.
- Artista: Federico Herrero.
- Lugar: Museo de Arte Costarricense, Parque Metropolitano La Sabana.
- Fecha de cierre: noviembre de 2026.
- Horario: martes a domingo, de 9:00 a. m. a 4:00 p. m.
- Entrada: gratuita.
