La estimación conservadora sitúa la riqueza global entre 14,2 y 20,3 millones de especies; un cálculo alternativo se aproxima a los 30 millones.
Un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), basado en décadas de inventario biológico en el Área de Conservación Guanacaste (ACG), plantea que la Tierra podría albergar una cantidad de especies de insectos considerablemente mayor que la estimación global aceptada hasta ahora, cercana a los seis millones.
La investigación fue desarrollada por un equipo internacional de especialistas y utiliza como base datos recolectados en el ACG, en Guanacaste, donde el trabajo de bioinventario impulsado durante décadas por científicos, parataxónomos y personal local ha documentado una extraordinaria diversidad de insectos tropicales.
Los autores estiman, mediante un enfoque conservador, que la Tierra podría albergar entre 14,2 y 20,3 millones de especies de insectos. El promedio de las estimaciones obtenidas fue de 17,3 millones de especies.
El estudio también presenta un cálculo alternativo que, a partir de una estimación puntual de la diversidad de insectos en el ACG y con un intervalo de incertidumbre más amplio, se aproxima a los 30 millones de especies.

Un inventario de Guanacaste para estimar la diversidad global
La investigación se sustentó en el análisis de 1.633.855 insectos recolectados mediante 15 trampas Malaise instaladas en distintos ecosistemas del Área de Conservación Guanacaste. Las trampas se ubicaron a lo largo de un gradiente que abarca bosque seco del Pacífico, bosque nuboso de montaña y bosque lluvioso del Caribe.
Las muestras fueron analizadas mediante códigos de barras de ADN, una técnica que permite agrupar organismos con características genéticas similares. Ese proceso generó 53.945 unidades conocidas como Barcode Index Numbers (BIN), que los autores utilizaron como una aproximación a especies.
Para estimar la riqueza total de insectos en el ACG, el equipo combinó los datos de las trampas con un inventario intensivo de pequeñas avispas parasitoides de la subfamilia Microgastrinae. Ese grupo fue utilizado como referencia para calcular cuánto de la diversidad local podría permanecer sin detectar incluso después de un muestreo muy amplio.
La estimación resultante para el ACG se proyectó posteriormente a escala global mediante comparaciones entre la riqueza biológica del área protegida y la riqueza mundial de grupos como árboles, anfibios, mamíferos y polillas satúrnidas.

Los autores advierten que el resultado no es un conteo directo de todas las especies de insectos existentes en el planeta, sino una estimación estadística basada en datos de campo, relaciones ecológicas y supuestos sobre la distribución de la biodiversidad.
Aun así, sostienen que sus resultados respaldan la idea de que las estimaciones previas han subvalorado de forma importante la diversidad global de insectos.
Décadas de trabajo en el Área de Conservación Guanacaste
El estudio se apoya en el programa de bioinventario desarrollado durante más de tres décadas en el ACG por Daniel Janzen, Winnie Hallwachs, el equipo de parataxónomos y numerosas personas investigadoras nacionales e internacionales.
Además de las trampas Malaise, el programa ha incorporado durante décadas la crianza de orugas, el registro de sus plantas hospederas y el seguimiento de las avispas parasitoides que emergen de ellas.
Ese trabajo permitió documentar relaciones ecológicas que no son visibles mediante un único método de muestreo y que resultaron fundamentales para estimar la diversidad de las avispas parasitoides utilizadas como referencia en el estudio.

El director del Área de Conservación Guanacaste, Alejandro Masís, señaló que el estudio refuerza la necesidad de sostener los esfuerzos de investigación y conservación de la biodiversidad.
Este hallazgo representa un llamado a fortalecer los esfuerzos por descubrir, comprender y conservar la biodiversidad del planeta, especialmente en un contexto de crecientes presiones ambientales".
Por su parte, Robert Puschendorf, profesor asociado de Biología de la Conservación de la Universidad de Plymouth y coautor del estudio, destacó que la conservación también debe considerar las especies que aún no han sido identificadas formalmente.

El estudio concluye que los inventarios biológicos de largo plazo son esenciales para entender la magnitud de la biodiversidad tropical y para orientar decisiones de conservación en un contexto de pérdida de hábitat, cambio climático y presión sobre los ecosistemas.
