Costa Rica enfrenta hoy una discusión económica cada vez más superficial sobre la inversión extranjera directa (IED). Cada vez que se publican datos de nuevos proyectos o empleo generado, el debate suele reducirse a una pregunta binaria: ¿subió o bajó la IED? Sin embargo, esa lectura puede ocultar una transformación estructural mucho más profunda.
Los datos recientes de fDi Markets muestran una tendencia interesante: el número de proyectos nuevos anunciados, el empleo generado y el capex total han disminuido desde los máximos alcanzados entre 2021 y 2022. Sin embargo, al mismo tiempo, ciertos indicadores sugieren que Costa Rica podría estar transitando hacia una IED más sofisticada, más intensiva en conocimiento y menos dependiente de grandes volúmenes de empleo.
Ese matiz importa enormemente. Porque no toda reducción en cantidad implica necesariamente un deterioro estructural. A veces puede reflejar una transformación en la composición sectorial, tecnológica y productiva de la inversión.
Los datos que obligan a mirar más profundo.
Fuente: elaboración propia con datos de fDi Markets, mayo 2026.

El indicador más revelador es probablemente el “capex por empleo generado”. En 2020, la inversión requerida por empleo rondaba los $82 mil. En 2025, esa cifra supera los $150 mil por empleo generado.
Eso sugiere algo muy importante: Costa Rica parece estar atrayendo proyectos cada vez más intensivos en capital, tecnología y conocimiento, y relativamente menos intensivos en empleo masivo.
Menos volumen, más sofisticación
Durante décadas, muchas economías latinoamericanas compitieron principalmente por atraer manufactura intensiva en mano de obra. El objetivo era generar grandes cantidades de empleo rápidamente. Pero la economía global está cambiando.
La automatización, la inteligencia artificial, la digitalización y los servicios globales están alterando la naturaleza misma de la inversión internacional. Las empresas ya no buscan únicamente costos bajos. Buscan talento especializado, estabilidad institucional, capacidades digitales y ecosistemas sofisticados.
Costa Rica parece estar moviéndose precisamente hacia esa dirección. Los sectores de life sciences, servicios modernos, ingeniería, análisis de datos y operaciones digitales avanzadas requieren menos personas por proyecto, pero más capital humano, más sofisticación tecnológica y mayores niveles de productividad.
Eso también ayuda a explicar por qué el empleo por proyecto ha caído significativamente. En 2020, cada proyecto generaba más de 200 empleos en promedio. En 2025, esa cifra ronda los 130 empleos por proyecto.
La lectura superficial diría: “la IED genera menos empleo”. Pero una lectura más estructural podría sugerir algo distinto: los proyectos están cambiando de naturaleza.
El riesgo de interpretar mal la transición
Esto no significa que todo sea positivo. Costa Rica enfrenta desafíos reales. La desaceleración en el número de proyectos y la caída en empleo deben analizarse seriamente. Además, una economía pequeña y abierta sigue siendo vulnerable a cambios globales, ciclos tecnológicos y tensiones geopolíticas.
Sin embargo, el mayor riesgo sería interpretar incorrectamente la transición. Si el país intenta competir únicamente mediante depreciaciones cambiarias, subsidios indiscriminados o reducciones artificiales de costos, podría debilitar precisamente aquello que hoy constituye su principal ventaja competitiva: sofisticación relativa, capital humano y capacidad de adaptación.
La verdadera discusión no debería centrarse únicamente en cuántos proyectos llegan. Debería centrarse también en qué tipo de proyectos están llegando, cuánto valor agregado generan, qué conocimiento transfieren y cómo contribuyen a la productividad futura del país.
La nueva competencia global
La competencia internacional por IED ya no se parece a la de hace veinte años. En la economía digital y de servicios globales, los países compiten cada vez más por calidad institucional, conectividad, talento, estabilidad jurídica y capacidad de interacción con tecnologías avanzadas.
Incluso la inteligencia artificial comienza a modificar la lógica de localización de inversiones. Las empresas necesitarán menos tareas repetitivas y más capacidades humanas complementarias: análisis, supervisión, interacción estratégica y resolución de problemas complejos.
En ese contexto, la ventaja competitiva de Costa Rica podría depender menos de salarios bajos y más de su capacidad para integrarse a cadenas globales intensivas en conocimiento.
Por eso, quizás la pregunta correcta ya no sea simplemente si la IED está creciendo o cayendo. La verdadera pregunta es si Costa Rica está transitando exitosamente hacia una nueva etapa de sofisticación productiva.
Y si esa hipótesis es correcta, entonces los indicadores tradicionales podrían estar contando solo una parte de la historia. Evaluar la IED del siglo XXI con las métricas del siglo pasado sería el equivalente a medir la productividad de una empresa de software por la cantidad de escritorios que ocupa.
