Imagen principal del artículo: El trabajo que no cuentan, pero que sostiene todo

El trabajo que no cuentan, pero que sostiene todo

Según la economía, las variaciones en la calidad de vida de las personas entre distintos países pueden atribuirse a las diferencias en sus niveles de productividad. Así, desde esta perspectiva, el bienestar económico de un país puede reflejarse en su Producto Interno Bruto (PIB), pues si un país cuenta con un PIB elevado, se supone que su población posee buenos salarios y buen acceso a diversos bienes y servicios. Sin embargo, este análisis resulta insuficiente para comprender la complejidad del tejido social. Además de presentar sesgos, ya que no expone la desigualdad en la distribución de la riqueza, ni las brechas de ingresos entre hombres y mujeres, también deja de lado a una población cuyo aporte es esencial para la economía nacional y global: el trabajo no remunerado de las amas de casa.

Desde edades tempranas, a muchas mujeres se les asignan tareas domésticas como cocinar, limpiar y cuidar. Esto ha generado que a lo largo de la historia, a las mujeres les recaiga la responsabilidad de las tareas del hogar. Estas tareas no se limitan únicamente a limpiar o cocinar para la familia, sino que también incluyen la crianza de infantes, consideradas “el futuro de la sociedad”. Además, en muchos hogares donde tanto el hombre como la mujer participan en el trabajo remunerado, cuando nace un hijo o hija suele ser la mujer quien renuncia a su empleo para dedicarse al cuidado del infante, o bien se enfrenta a una doble jornada. El trabajo de las amas de casa sostiene la economía, sostiene precisamente esa productividad que sí es tomada en cuenta dentro del PIB.

El Banco Central de Costa Rica reportó en el 2024 que el trabajo doméstico no remunerado tuvo un valor económico de 9,6 billones de colones tan solo en 2022, donde las mujeres aportaron el doble del valor que los hombres. Asimismo, el informe señala que esta cifra representa un 21,4 % del PIB. Estos datos reflejan la enorme importancia del trabajo doméstico no remunerado para la economía nacional. Sin embargo, no se trata únicamente de cifras, sino del arduo trabajo que realizan, especialmente las amas de casa, para sostener a la sociedad. Si no fuera por la mujer que prepara los alimentos, limpia el hogar y cría a la niñez, no sería posible la productividad que posteriormente se traduce en un aporte “real” a la economía. Además, a veces se trata de mujeres que renunciaron a sus metas y sueños debido a la imposición —implícita o explícita— de estas responsabilidades.

Más que resaltar la necesidad de que el PIB contemple el trabajo no remunerado como una fuerza económica, es fundamental evidenciar la importancia del trabajo que realizan las mujeres día tras día sin recibir remuneración alguna. Un trabajo tan esencial para el sostenimiento de la sociedad no debería permanecer invisibilizado ni desvalorizado. Si este tipo de trabajo no cubriera grandes necesidades de limpieza, educación, alimentos y entre otros, apenas se podría sostener las demandas básicas de la población.

En definitiva, no puede negarse el inmenso aporte del trabajo no remunerado a la economía nacional y global. Cuando hablamos de economía, no debería tratarse únicamente de números, sino también de vidas humanas. Reconocer el trabajo no remunerado no es solo una cuestión de justicia social, sino también una manera de evidenciar la imperfección del modelo económico. Como sociedad, es esencial pensar en modelos que no solo generen bienestar económico, sino también un desarrollo humano integral.