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El callejón sin salida del populismo cambiario

La apreciación del colón ha sido uno de los elementos más resaltados en la narrativa gobiernista sobre el supuesto éxito de su gestión económica. El fenómeno del “franco tico” —el colón se ha apreciado cerca de un 35% frente al dólar en los últimos cuatro años— ha generado una falsa sensación de prosperidad que se refleja en diversos indicadores, desde la importación récord de automóviles hasta la cifra histórica de costarricenses viajando al extranjero. Todo esto, nos dicen, es señal de una exitosa economía jaguar. Más bien deberíamos señalarlo por lo que es: populismo cambiario.

La pregunta es si esa aparente prosperidad es realmente el reflejo de una economía más pujante o si estamos viendo los efectos de políticas que de manera deliberada han inducido al colón a niveles artificialmente altos. Lo cierto es que detrás de la burbuja de consumo comienzan a aparecer señales cada vez más difíciles de ignorar: sectores clave para la generación de empleo y riqueza mayormente relacionados a la exportación de bienes y servicios están perdiendo dinamismo de forma acelerada.

El resultado es una paradoja que debería preocuparnos. Mientras el oficialismo destaca la fortaleza del colón, Hacienda advierte sobre una caída severa en la recaudación fiscal. Esto es altamente inusual. Por lo general, cuando una economía crece a buen ritmo, también aumenta la recaudación de impuestos. Como decía Ricardo Jiménez, “la mejor reforma tributaria es una buena cosecha de café”. Cuando la actividad económica se acelera, las empresas generan más ganancias, las personas reciben mayores ingresos y el Estado recauda más recursos.

Sin embargo, hoy ocurre algo distinto. Costa Rica sigue mostrando cifras decentes de crecimiento, pero la recaudación tributaria está flaqueando. Esto sugiere que la bonanza que muestran algunos indicadores no implica que la economía en general esté bien.

Y buena parte de la explicación está precisamente en el impacto de un colón artificialmente fuerte. Exportadores, agricultores, empresas turísticas, zonas francas y muchas otras actividades productivas reciben buena parte de sus ingresos en dólares, pero pagan salarios, impuestos y otros costos en colones. Cuando el colón se aprecia de manera exagerada, su margen de maniobra se reduce y su capacidad para invertir, contratar o expandirse también se ve afectada.

El problema es que corregir esta situación ya no es tan sencillo. La administración Chaves atribuyó la apreciación del colón a la fortaleza de la economía, el crecimiento de las exportaciones, el turismo y la inversión extranjera. Sin duda, esos factores han influido. Pero hay otro elemento que rara vez se menciona: el enorme aumento del endeudamiento externo del Estado. En los últimos años Costa Rica ha recibido miles de millones de dólares y euros producto de emisiones de deuda. Solo en los meses recientes el gobierno captó alrededor de $3.500 millones en los mercados internacionales. Estos recursos no se utilizaron para sustituir deuda interna cara por deuda externa barata, sino para financiar gasto corriente.

El Banco Central ha tenido que intervenir constantemente para evitar una apreciación aún mayor del colón. Al mismo tiempo, mantiene una política monetaria restrictiva pese a que Costa Rica ya lleva un año de inflación negativa. Incluso el Fondo Monetario Internacional –y los propios técnicos del BCCR– han recomendado reducir con mayor rapidez las tasas de interés, pero la Junta Directiva del Banco Central insiste en mantener su posición conservadora.

Mientras tanto, el gobierno continúa acumulando deuda externa, la cual ha aumentado un 47% en los últimos cinco años. La razón es fácil de entender: cuando el colón se fortalece, la deuda en dólares parece más manejable en moneda nacional. Esto le permitió a la administración Chaves proyectar una imagen de fortaleza fiscal que era un espejismo.

Pero ahí es donde aparece el callejón sin salida del populismo cambiario. Los recientes señalamientos del FMI y del propio Ministerio de Hacienda deberían encender todas las alarmas. Ambos advierten ahora que una normalización del tipo de cambio tendría un fuerte impacto negativo sobre la deuda pública y las finanzas del Estado.

En otras palabras, la política económica del gobierno nos metió en un zapato. Mantener un colón extraordinariamente fuerte seguirá golpeando a sectores productivos fundamentales y debilitará aún más la recaudación tributaria. Pero permitir una corrección del tipo de cambio también tendría costos fiscales importantes debido al creciente peso de la deuda externa.

¡Bienvenidos a jaguarnomics! Nos insistieron que el colón fuerte era un símbolo de éxito económico, pero ahora son cada vez más evidentes los problemas que se han venido acumulando debajo de la superficie. El populismo económico siempre sigue el mismo patrón: apuesta por beneficios inmediatos y minimiza los costos futuros. El problema es que la jarana sale cara. Costa Rica se acerca a ese momento. El verdadero riesgo no es que el colón deje de estar tan fuerte, sino haber construido una estrategia económica que depende de que siga estándolo.