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El año de Pandora en la literatura costarricense

Hay una imagen en la que pienso en muchos momentos de mi vida: un niño en un hogarcito, esperando que alguien resuelva un trámite, que alguien firme un papel, que alguien declare con urgencia que ese niño necesita una familia. Pero la declaratoria de abandono tarda, los plazos corren, la burocracia avanza a su propio ritmo… y el niño espera, institucionalizado, mientras crece y las posibilidades de llegar a una familia se van agotando.

Soy mamá por adopción. He trabajado con menores de edad. Sé lo que significa ver a un niño atrapado en los tiempos de la gestión pública. Pienso en ello cada vez que escucho la expresión "debido proceso", porque el debido proceso, cuando no se ejecuta con inmediatez, también puede causar daño. La justicia tardía tiene consecuencias.

El año 2025 fue, para el campo literario costarricense, el año de Pandora. Se abrió una caja y comenzaron a salir cosas a la luz. Todo empezó con la filtración de los nombres de los ganadores de los Premios Nacionales Aquileo J. Echeverría, correspondientes al período 2024, que circulaban semanas antes del veredicto oficial. Luego se conoció el caso de plagio que recientemente resolvió la Editorial de la UNED (EUNED). Más adelante se abrió una investigación sobre los Premios Nacionales y se descubrió que una de las novelas ganadoras había competido en la convocatoria anterior sin resultar premiada y que fue postulada nuevamente al año siguiente bajo otro sello editorial, con distinto ISBN y una portada diferente. A ello se sumó el caso de una obra presentada simultáneamente en dos certámenes internacionales que exigían obra inédita, uno de ellos financiado con fondos públicos de la Universidad Nacional. Entre otros casos documentados.

El 23 de junio de 2026 la EUNED publicó un comunicado en el que reconoció el plagio, anuló el premio y confirmó la devolución del monto económico. Se marcó un precedente importante, sin embargo, el comunicado deja una pregunta sin responder. Según documentos oficiales de la propia institución, la EUNED recibió en setiembre de 2024 una denuncia que alertaba sobre el plagio del poema Voy a pasar con vos los días tímidos del verano, ganador del Certamen Permanente de Cuento y Poesía de la Revista Nacional de Cultura.

Surge una pregunta sencilla: ¿la investigación se abrió en setiembre de 2024, cuando la institución recibió la denuncia, o en febrero de 2025, cuando el caso se hizo público? ¿Qué ocurrió durante esos meses? La resolución no lo explica. Y sería importante que la ciudadanía conociera cómo transcurrió ese debido proceso.

Esa parte me duele no solo como ciudadana, sino también como autora de la EUNED. Mi libro El entrenador de palomas fue seleccionado por la Editorial EUNED en 2019. Conozco la institución desde adentro, la respeto profundamente y agradezco el trabajo de las personas que construyen su catálogo. Precisamente por ese respeto me resulta difícil comprender cómo una denuncia de plagio, recibida en setiembre de 2024, no generó una respuesta inmediata y verificable.

La explicación institucional del documento al que tuve acceso fue que los correos recibidos eran anónimos. Pero el anonimato no invalida una denuncia de fondo. Una alegación de plagio puede verificarse, independientemente de quién la formule. Lo relevante no es la identidad del denunciante, sino si la obra fue o no copiada.

Mientras esa denuncia esperaba una resolución, una editorial independiente publicaba un libro de la misma autora. Nueva York Poetry Press, que ha publicado cincuenta y cuatro títulos de autores costarricenses y ha sostenido durante años un proyecto editorial sin respaldo institucional, publicó de buena fe La piel del lenguaje, firmado bajo el seudónimo María Musgo. El libro fue presentado con el respaldo público de figuras reconocidas del campo literario costarricense. Cuando el caso salió a la luz (no por un poema, sino por el libro completo) el daño ya estaba hecho.

Sostener una editorial independiente es un acto de resistencia. Más aún cuando se trata de un proyecto extranjero que ha apostado por la literatura costarricense. Una editorial independiente no dispone de subsidios, garantías ni redes de seguridad. La diferencia entre una editorial estatal y una independiente no radica en el compromiso con la literatura, sino en que, cuando algo sale mal, una cuenta con el respaldo del Estado y la otra no. Por eso, cuando una editorial independiente sufre el daño colateral de una respuesta institucional tardía que pudo haberse mitigado mediante una atención más eficiente de la denuncia, no existe resolución administrativa capaz de reparar completamente sus consecuencias.

Lo ocurrido con los fondos públicos de la Universidad Nacional responde a la misma lógica. Un certamen que exigía en sus bases una obra inédita premió y publicó con recursos del Estado un libro que meses después obtendría otro premio internacional bajo un título diferente. Dos concursos, dos países, dos títulos, un mismo texto sustancialmente igual. La pregunta vuelve a ser la misma: ¿las autoridades de la Universidad Nacional o la EUNA ya iniciaron un proceso, considerando que esta información es pública, ampliamente difundida por la comunidad literaria, nacional e internacional? Como ciudadana, considero que la EUNA tiene la obligación de dar cuentas al respecto sobre lo sucedido en torno al uso de estos fondos públicos. ¿Es correcta mi apreciación?

Preguntas similares permanecen abiertas sobre el proceso de premiación de los Premios Nacionales Aquileo J. Echeverría, correspondientes al 2024, donde el escritor y abogado José María Zonta presentó un recurso de nulidad sustentado en dieciséis motivos documentados y recibió como respuesta una carta de apenas dos páginas, sin fundamentación normativa ni jurisprudencial.

Quisiera creer que, al fondo de esa caja de Pandora, quedó una rasgada sensación de esperanza y que todo lo ocurrido durante el 2025 fue el inicio de un cambio. Todas las irregularidades deben atenderse a tiempo. Las instituciones públicas deben saber que están siendo observadas y que la ciudadanía tiene derecho a conocer cómo se administran los fondos públicos destinados a la cultura.

Estas preguntas que resuenan en mi mente son las mismas que me acompañan cuando pienso en los niños que esperan una declaratoria de abandono: ¿qué habría pasado si se hubiera actuado a tiempo?

Quisiera pensar que el control ciudadano comienza a sentirse. Hay que ejercerlo: preguntar, documentar e insistir. Escribir no es un adorno. Quienes escribimos también somos testigos de nuestro tiempo. A pesar de la tardanza, aplaudo la resolución de la EUNED. Con ella, al menos una de las irregularidades que salieron de aquella caja de Pandora encontró finalmente una respuesta. Invito a las otras instituciones del Estado: Universidad Nacional, Ministerio de Cultura y Juventud, y cualquier institución académica que se sienta involucrada en ejercer su trabajo con dignidad, que tome cartas en cada uno de sus asuntos. Los ciudadanos estamos observando y esperamos respuestas.