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¿Cuándo Costa Rica y su sistema empezó a castigar a aquellas personas preocupadas por preservar el ambiente?

Al leer el Repado Dominical de esta semana sobre dietas, embargos y Juanba me hizo pensar en lo siguiente: cómo Costa Rica un país que históricamente se destaca por proteger la flora y fauna, los derechos individuales y colectivos permita que se utilicen las demandas judiciales como método de intimidación y desgaste ante las personas que denuncian. Y más aún cuando se evidencia quien es la parte fuerte y la parte débil en ese proceso.

Desde que escuche por primera vez a Juanba denunciando en redes el embargo preventivo me hizo viajar a mi pasado estudiantil, aquellos años en el colegio donde mi querida profesora de español Doña Majorie Segura nos hablaba apasionadamente sobre el libro La Loca de Gandoca escrito por Ana Cristina Rossi. Y mi mente empezaba a imaginar la magnitud de la diversidad de nuestro país.

Y aquí es donde empiezo a reflexionar. ¿Cuándo Costa Rica y su sistema empezó a castigar a aquellas personas preocupadas por preservar el ambiente?

Esta táctica de "desgaste" no es nueva. En la década de los 90, la lucha de Anacristina Rossi —plasmada en su novela "La loca de Gandoca" a través del personaje de Daniela Zermat— ya exponía la "rapacidad medioambiental del capitalismo turístico" y la complicidad política en la destrucción del Refugio Gandoca-Manzanillo.

A Daniela se le intentó descalificar tildándola de "loca", un término utilizado históricamente por el sistema para invisibilizar la protesta femenina y restarles valor a denuncias fundamentadas sobre la tala de manglares y la especulación inmobiliaria.

Sin embargo, cuando la estigmatización y las demandas no logran frenar el activismo, surge la violencia más cruda. El asesinato de Jairo Mora Sandoval en 2013 marca el punto más oscuro de esta comparativa.

Mora, quien protegía nidos de tortuga baula en Moín, fue secuestrado y ejecutado por grupos vinculados al saqueo de huevos. Su muerte demostró que, en ciertas zonas del país, defender la vida silvestre implica enfrentarse a estructuras criminales que operan con una impunidad alarmante

Al comparar estas situaciones, observamos una escala de represión: Juan Bautista enfrenta el "garrote" legal y financiero; la "Loca de Gandoca" luchó contra la corrupción institucional y el estigma social; y Jairo Mora pagó con su vida el precio de su convicción.

Resulta doloroso notar que el Refugio Gandoca-Manzanillo, por el que tanto luchó la protagonista de Rossi, lleva hoy el nombre de Jairo Mora Sandoval en un intento de honrar su memoria.

Costa Rica no puede seguir permitiendo que la defensa del ambiente sea una actividad de alto riesgo. Ya sea mediante reformas para frenar las demandas SLAPP o mediante la protección efectiva de las personas que denuncian los delitos ambientales, el Estado debe garantizar que proteger el patrimonio natural no sea una sentencia a la quiebra, al escarnio o a la muerte.

La historia nos juzgará por nuestra capacidad de proteger no solo nuestros bosques, sino a quienes se atreven a defenderlos.