¿Es la naturaleza enemiga del ser humano o una aliada? ¿Cumple una función estética para admirar o constituye una amenaza con los peligros que guarda y desconocemos? ¿O simplemente es un reservorio disponible para que echemos mano y la explotemos en beneficio del desarrollo? Durante siglos, la relación del ser humano con la naturaleza ha sido contradictoria, ambivalente. Desde el inicio del proceso de industrialización se ha impuesto una relación predominantemente instrumental: utilizamos los recursos de la naturaleza para lograr el desarrollo, sin asumir su preservación y carácter limitado.
En los últimos años, y a la luz del cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la contaminación (lo que a menudo se denomina la triple crisis planetaria), ha encendido las alarmas para replantearnos por completo nuestra relación con la naturaleza, hacer “las paces” con ella y asumir que es nuestra aliada. Es más, comprender que los seres humanos no nos encontramos aislados, sino que formamos parte. La vida sería imposible sin la naturaleza y por eso debemos centrarnos en lo que podemos aprender de nuestra interacción con ella. Acercarnos a la naturaleza con una actitud de respeto y desarrollar nuestras sociedades de manera que el medio ambiente pueda restaurarse y preservarse para las generaciones futuras.
Ahora bien, ¿cómo podemos poner en práctica una nueva perspectiva de paz con la naturaleza? UNESCO, desde hace más de 50 años, a través de la creación del programa de Reservas de la Biosfera, trabaja para dar respuesta a ese desafío. Quienes fundaron este programa comprendieron que necesitábamos un mecanismo operativo para poner en práctica lo que hoy denominamos “paz con la naturaleza”. Las Reservas de la Biosfera son espacios geográficos específicos, sitios designados como tales en países de todo el mundo a partir de la certificación y supervisión de un comité de expertos en representación de los Estados Miembros de la UNESCO.
La idea de las Reservas de la Biosfera fue una propuesta increíblemente innovadora hace 50 años y sigue siéndolo hoy en día. Si bien la idea de conservación representa uno de los objetivos principales de cada Reserva de la Biosfera, el sentido de éstas va más allá de la mera conservación en la que “dejamos a la naturaleza en paz”. Cada Reserva es un laboratorio a cielo abierto en el que se practica la convivencia en armonía con la naturaleza. Es por esto que poseen una zona de amortiguamiento y una zona de transición que rodean a la zona central de las Reservas de Biósfera. Allí tiene lugar la actividad humana en interacción con la naturaleza en la forma de prácticas económicas sostenibles. Éstas van desde proyectos regenerativos para recuperación forestal hasta la producción sostenible de productos agrícolas, pasando por prácticas relacionadas con el ecoturismo.
La Oficina regional de la UNESCO en San José interactúa con 68 Reservas de Biósferas, distribuidas entre América Central, México y Colombia. Costa Rica, en consonancia con su compromiso de larga data con la protección del medio ambiente, cuenta con las Reservas de Biosfera Agua y Paz, Cordillera Volcánica Central, Savegre y La Amistad. Estas cuatro Reservas de Biosfera abarcan casi la mitad de la superficie terrestre del territorio costarricense.
Al igual que en otros países cada Reserva de la Biosfera cuenta con un Comité local que agrupa representantes multiactor (desde la sociedad civil hasta las comunidades locales), además de pueblos indígenas, municipios y academia. Todos ellos integran un Comité Nacional, auspiciado por el SINAC, responsable por supervisar las Reservas de la Biosfera a nivel nacional y actuar como enlace con la UNESCO.
Estos sitios se encuentran en un camino constante hacia una vida más armónica con la naturaleza incorporando conocimiento y prácticas virtuosas. Ejemplo de ello es su relación con las comunidades indígenas que las habitan y la incorporación al manejo de las Reservas, de las buenas prácticas que ellas han mantenido con la naturaleza durante siglos. Por eso, junto con comunidades indígenas, estamos llevando a cabo actualmente un proyecto en tres Reservas de la Biosfera de América Central: Río Plátano en Honduras, Agua y Paz en Costa Rica y La Amistad en Panamá. Este proyecto, que es posible gracias al apoyo de España, busca integrar las prácticas indígenas en la gestión de las Reservas de la Biosfera. No se trata de la única experiencia de su tipo, se están llevando a cabo iniciativas similares en otras partes del mundo, como por ejemplo el proyecto Conectando la Vida en la reserva de biosfera Transfronteriza Trifinio Fraternidad, cuyo objetivo es fomentar la conectividad ecológica. Otro ejemplo es el proyecto Guatecarbón en la reserva de biosfera Selva Maya, que pretende una reducción de emisiones por deforestación evitada.
Últimamente se habla mucho sobre cómo los grandes ideales promovidos por las Naciones Unidas pueden tener un impacto tangible sobre el terreno. La paz con la naturaleza es uno de ellos y las Reservas de la Biosfera promovidas desde la UNESCO llevan más de cincuenta años generando ese impacto tangible. Es tan así que un reciente informe pone de manifiesto cómo las poblaciones de fauna silvestre a nivel mundial han disminuido en un 73% desde 1970, mientras que las que se encuentran en áreas protegidas por la UNESCO se han mantenido relativamente estables.
Seguir comprometiéndonos con esa ruta es el camino al desarrollo sostenible.
