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Acción climática empresarial: el verdadero escudo de Costa Rica

​Este 5 de junio, Día Mundial del Medio Ambiente, nos confronta con la realidad más urgente de nuestra era: el cambio climático. Bajo el lema global "Ahora por el clima", la ONU nos recuerda que el planeta no negocia. En Costa Rica, un país que ha hecho de la sostenibilidad su marca internacional, esta fecha no puede ser una efeméride más de discursos decorativos; debe ser el catalizador para que se continúe la transformación operacional sostenible desde la conciencia y no desde la apariencia.

​Históricamente, se ha visto la gestión ambiental en las empresas como un departamento de cumplimiento legal o, en el mejor de los casos, de filantropía corporativa. Ese enfoque está obsoleto. Como profesionales en Salud, Seguridad y Medio Ambiente (EHS), hoy vemos en primera línea cómo la crisis climática impacta directamente el núcleo de las organizaciones: la salud de las personas y la continuidad de las operaciones, con mercados como los europeos que cada día exigen más requerimientos en sostenibilidad.

​Las consecuencias del cambio climático son vividas por todos hoy en día, cada vez los fenómenos ambientales son mas extremos, más violentos y más destructivos y ante esto, las organizaciones ya no deben tener planes únicamente para prevenir debemos contar con planes de adaptación, que nos garanticen la continuidad del negocio. Esto instaura ventajas competitivas que demuestren un mejor desempeño ambiental con una perspectiva de ciclo de vida clara y tangible.

​¿Cómo se traduce esto en el entorno corporativo costarricense? Las empresas nacionales y multinacionales radicadas en el país deben dar el salto de la mitigación pasiva a la adaptación activa. Esto implica identificar, evaluar y cuantificar los impactos ambientales que la operación tiene desde la perspectiva de ciclo de vida (huella de emisiones, fuentes de la matriz energética, gestión de los residuos sólidos, consumo y gestión del recurso hídrico, compras verdes y desarrollo de productos ambientalmente amigables). Asimismo, proteger el capital humano mediante protocolos de seguridad adaptados a las nuevas realidades del clima es impostergable.

​Costa Rica tiene las condiciones idóneas para liderar esta transición en la región. Contamos con talento técnico calificado, una matriz eléctrica mayoritariamente renovable y un sector privado dinámico. Sin embargo, el verdadero cambio ocurrirá cuando cada junta directiva entienda que la inversión en resiliencia climática es la forma más rentable de blindar su competitividad a largo plazo.

​Celebrar el medio ambiente en el 2026 exige abandonar la complacencia de nuestros logros pasados. El sector empresarial costarricense tiene la responsabilidad y la oportunidad histórica de liderar con el ejemplo. Pasar de los compromisos en el papel a las métricas e impactos reales en el entorno es el único camino viable. La acción climática corporativa ya no es opcional; es el negocio más inteligente que podemos y debemos hacer por nuestro futuro.