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Vaya a fundarle una tercera República a su abuela

En marzo de 1948 una banda de insurrectos armados se acuarteló en San Cristóbal y declaró la guerra al gobierno que deseaba quedarse en poder luego de unas dudosas elecciones.

Entonces, el líder de la revolución, hijo de unos inmigrantes apoyado por los gringos, escribió un documento conocido como “Proclama de la Segunda República” que inicia de la siguiente forma:

Costarricense ¿está usted haciendo lo que puede por la victoria de la libertad? El Ejército de Liberación Nacional está batiéndose brillantemente en el teatro de la guerra. Usted puede ayudar eficazmente a la jornada patriótica atravesando palos y piedras en los caminos, cortando líneas telegráficas y telefónicas, acorralando sorpresivamente jefaturas políticas y resguardos, intentando por todos los medios desorganizar y desmembrar el gobierno usurpador. ¿Está haciendo usted lo que puede?”

En un mes, los contumaces tomaron Santa María, San Gerardo, San Isidro, Cartago y Limón. El 19 de abril, se declaró la victoria de los rebeldes. La guerra del 48, como todo evento histórico en este país, fue sencilla pero épica. El líder de la revuelta apeló al corazón del pueblo de forma personal y dados los resultados la batalla, sus palabras tuvieron éxito entre nuestros abuelos.

La Proclama no dice: “yo como general y mi ejército pelearemos contra los caldero-comunistas para defender a las mujeres y a los chiquitos”, más bien apela a que todos juntos y cada uno con lo que tenga en su casa se una a la batalla, como expone el segundo párrafo de dicho documento:

Usted dijo una y mil veces que no permitiría una nueva burla a la voluntad popular. Usted ha jurado que está dispuesto a contribuir a la formación de una nueva Costa Rica. Cumpla ahora sus promesas y juramentos. No use el pretexto de que no tiene armas. En la más humilde cocina existe un raspadulce, en cada casa de campo hay un chuzo, en todo hogar unas tijeras y en el corazón de cada hombre y de cada mujer de Costa Rica existe un héroe.”

Cada cuatro años, por estas épocas, mi madre mira con nostalgia e ilusión las noticias del traspaso de poderes y se pregunta resignada: “-A mí siempre me gustaría saber ¿quién era presidente cuando yo nací?”. La historia, ciencia elástica y subjetiva que cambia al ritmo del poder, nunca supo ofrecerle una respuesta.

Esto es una gran frustración, porque comprender quién era el presidente en el lugar y tiempo donde uno nació otorga identidad compartida. Por ejemplo, yo nací bajo el signo del presidente Monge, fiel discípulo de Reagan, Thatcher y Juan Pablo II. Mi primera sobrina, Daniela, nació a mediados de los noventa, cuando los hijos de los caudillos de la guerra del 48 firmaron el “Pacto Calderón-Figueres” para repartirse el poder y el país. Mi primera sobrina-nieta, “Emi”, nacerá en estos días de transición del gobierno de “continuación del cambio”.

Pero mi madre nunca ha conocido la respuesta a esa pregunta sobre el presidente de Costa Rica a finales de 1948. Este es un intento de respuesta a esta inquietud. Querida madre: cuando tú naciste, no había presidente en Costa Rica. Estaba en el poder la “Junta Fundadora de la Segunda República”, un gobierno de facto, revolucionario, liderado por los generales del ejército vencedor, que derramaron sangre hermana para llegar al poder. Nosotros no comprendemos lo que eso significa porque no hemos tenido una guerra ni una junta militar desde hace 78 años. Afortunadamente, la misma semana en que mi madre nació, el jefe de la revolución le pegó un martillazo a una pared del Museo Nacional y a partir de ese momento ya no tenemos ejército.

Recuerdo muchas veces en el Liceo de Costa Rica cuando recibimos la visita de los excombatientes del 48. Ahora que sólo queda un grupo diminuto de excombatientes todos mayores de 95 años, me hubiera gustado preguntarles: ¿qué se sentiría pelear en la última guerra de Costa Rica? ¿cómo tomaron un fusil y mataron a los del otro bando? ¿qué hacían en las montañas mientras peleaban? ¿cómo hacían las mujeres en las casas con los niños para conseguir comida?

Cuestión es que el otro fin de semana se suscitó alto quilombo en la familia porque Daniela se fue con siete meses de embarazo al festival Pic-Nic. “¡Que es una irresponsabilidad!”, decían unos. “Es un símbolo de libertad” decían las otras.

Mientras pensaba en la disputa por la visita de mi sobrinita con alto grado de embarazo al concierto me pregunté: ¿cómo hizo mi abuela con una niña en brazos, otra en el vientre y cuatro más en camino para sobrevivir la guerra del 48? ¿Cómo hizo de para concebir niñas sanas en el barrio “La Cañada” del sur de San José hace ochenta años? ¿con cuáles doctores, medios o qué nutrición? No comprendo cómo hizo, y mis abuelos nunca me contaron, quizá por ser una etapa muy dura de sus vidas.

Al respecto la Segunda República y la transición de gobierno, la señora presidenta títere amenazó en su discurso de victoria electoral con fundar una “tercera República” bajo el primordial argumento de que el sistema de partidos políticos tiene que cambiar. La muchedumbre embriagada de victoria aplaudió la mutilación de sus propios derechos, sin indagar cuál era la primera, qué es la segunda y qué sorpresas traerá la “tercera República”.

Yo sé muy bien lo que esta chusma pretende. A la señora no se le ocurrió prometer más seguridad ciudadana y menos homicidios. Mucho menos nos prometió más igualdad salarial y de género para las mujeres, ni protección para los menores de edad, ni solución para las pensiones de los ancianos. Muchísimo menos prometer más transparencia y rendición de cuentas para promover el desarrollo social.

Esta gente no quiere y no puede mejorar la situación de Costa Rica, lo que ansían es quedarse en el poder para siempre, por eso atacan la democracia porque el pluralismo es obstáculo para sus perversos fines. Entonces le venden la idea al público de que las garantías constitucionales impiden pelear contra el narco, y que el Poder Judicial estorba para meter a la cárcel a todos los chatas. Ellos no quieren una nueva constitución para mejorar a Costa Rica. Quieren atornillarse en el poder para eliminar la Contraloría, al TSE, a las universidades públicas y a todo lo que les estorbe para gobernar a sus anchas. Si ya lo hizo El Salvador, y Nicaragua, y Trump, y nadie los detiene ¿por qué no copiar en Costa Rica lo que hacen los dictadores de izquierda y derecha?

Ya una de las luminarias constitucionales chavistas, el exdiputado Bojorges, se le salió la primera: él quiere modificar la constitución para permitir la reelección presidencial consecutiva, obviamente para que su amigo Rodrigo Chaves se ponga muy contento. Como si eso solucionara uno solo de los problemas del país.

Relatan mis amigos de la península de Osa que cuando estás arrancando oro en Corcovado y te sale el jaguar, hay que demostrar que no se tiene miedo. Naturalmente en un encuentro uno a uno, un jaguar derrotará en segundos a un humano. Le perseguirá más allá de los árboles más altos, le penetrará la piel con sus garras, te desangrará clavándote sus colmillos en el cuello. Te cancelará la visa americana, enviará al PANI a perseguir a tus hijos por salir en Facebook, te quitará la libertad de tránsito si vives en San Felipe o en la parte de Pavas que no es Rohmoser.

Pero, según los oreros clandestinos, la forma de retar y sobrevivir al jaguar no es pelear ni correr, si no quedarse firme, gritar palabras de hombres y fingir que hay más a tu lado. Así la bestia, temerosa de enfrentar a la muchedumbre, quizá se confunda, y escape.

Siguiendo la recomendación de mi gallada de Puerto Jiménez, yo le digo a este nuevo gobierno, que cuando ustedes pretendan la gloria de la Segunda República de mis abuelos manchar con sus anticonstitucionales ideas, verán a este pueblo valiente y viril la tosca herramienta en arma trocar. Yo seré de los primeros.

Por cierto, el último párrafo de la Proclama de Santa María de Dota dice:

Haga usted lo que pueda, sea mucho o sea poco, por respaldar al Ejército de Liberación Nacional ahora, y por tener lista nuestra entrada triunfal a todos los pueblos del país. Ya vamos, muy pronto llegaremos. Ayúdenos desde lejos y repita esta promesa que se debe propagar de pecho en pecho como una conflagración divina: fundaremos la Segunda República. J.F.F.”

Vale la pena reflexionar sobre esta Constitución y esta Segunda República. Especialmente ahora que “la paz, esa paz venturosa que, unida a vuestra laboriosa perseverancia, ha aumentado tanto nuestra riqueza y felicidad, se encuentra pérfidamente amenazada”. Por suerte, esta nueva “gavilla de advenedizos, escoria de todos los pueblos”, no tienen los cuarenta diputados que necesitan. Tampoco tienen capacidad de diálogo. No han ganado ninguna guerra a fusil como los hombres. No poseen la bendición, ni de la Virgen de los Ángeles, ni de los comunistas. “¡Alerta pues costarricenses! No interrumpáis vuestras nobles faenas, pero preparad vuestras armas”. Por ahora, la dichosa constituyente y esa tercera República están en la cola de un venado.

Y para mayor tranquilidad de todos, Daniela vendió la entrada del segundo finde del Pic-Nic. Emilia tendrá que esperar para conocer a Nodal otro día.