Las personas que realmente creemos en la socialdemocracia no podemos aceptar nada proveniente de un proyecto autoritario y dictatorial, mucho menos maquillar excusas con el argumento de que “es por Costa Rica”. Cobarde excusa, por cierto, porque los proyectos dictatoriales siempre se han consolidado ocultando sus verdaderas intenciones.
Soy de Alajuela, donde un pequeño grupo de corruptos atentó contra la democracia, saboteando el proceso partidario -profundamente democrático y libre- desde el cantón donde nació el liberacionismo; el liberacionismo que no se vende. El liberacionista que ha demostrado creer en los principios y valores socialdemócratas reconoce también que la responsabilidad de gobernar consiste, justamente, en mantenerse firme frente a las tentaciones populistas, aunque a una parte del electorado no le agrade. Porque, para muchas personas, la política es emoción, enojo, impulso o alegría; pero, para quien ejerce un cargo gubernamental, la política debe ser acción y responsabilidad.
El Partido Liberación Nacional no es el problema. La depuración de este partido ha sido muy difícil y ha tenido consecuencias para quienes la hemos promovido, pero aún no ha terminado. De hecho, continuará revelando lo peor de las prácticas políticas que hoy tienen al chavismo en el poder. Usted podrá identificarlos fácilmente, porque buscarán, una vez más, mantenerse como autoridades municipales en las próximas elecciones o estarán dispuestos a apoyar el proyecto chavista aun siendo autoridades partidarias en Liberación Nacional. He sostenido que el daño social más importante de los últimos cuatro años ha sido, justamente, dividirnos. Sin embargo, también ha sido la manera de revelar a los oportunistas que pelean por puestos y nunca brindan resultados a la ciudadanía.
Desde la campaña electoral se evidencia una enorme volatilidad en estos oportunistas moldeables según las circunstancias. Y no hablo solo de representantes verdiblancos: los vemos en todos los partidos, capaces de cambiar sus opiniones o ajustar sus criterios como quien acomoda los mandamientos a su propia conveniencia, adaptándolos siempre a lo que más les favorece para justificar su irracionalidad. Aceptan viajes, negocios, nombramientos o pequeños momentos de protagonismo.
Ya no estamos en campaña. Pero en el gobierno, cuando un diputado ejerce con responsabilidad el apoyo a un proyecto de ley por el bienestar común, lo hace desde su curul y con argumentos. De nada ayuda prestarse al show mediático del populismo, y mucho menos con escenarios públicos que utilizan la religión como moneda de cambio para unos y otros: a veces evangélicos, a veces católicos.
Entonces, el reto para el PLN debería ser cómo enfrentar a quienes traicionan las bases socialdemócratas sobre las que el Partido fue creado. En el periodo pasado, dos de sus diputados dieron señales claras desde el inicio, sobre su afinidad con este proyecto autoritario; hoy, ambos desfilan junto al chavismo e incluso ocupan cargos gubernamentales, de corazón espero que no estemos condenados a ver repetir la misma historia.
El Partido Liberación Nacional tiene hoy una oportunidad, el reto de transformar sus cuadros dirigentes, con el cambio de autoridades en el Comité Ejecutivo Superior y el Directorio Nacional, replantear estatutos que favorecen actualmente a dirigencias históricas, contra los anhelos de cambio de una buena parte de la base partidaria, y consolidar lo que significa realmente el proyecto de una socialdemocracia moderna, justa y enfocada en el bienestar de la gran mayoría.
