Que se maten entre ellos, que si es inocente nada le va a pasar”.
Esta es la opinión de muchos líderes y adultos de nuestro país frente a la alta criminalidad que enfrentamos. Es muy fácil pensar así cuando no es tu primo, hermano, padre o incluso una amiga cercana quien muere por culpa de una bala perdida. Sin embargo, esta es la realidad diaria de muchas personas: desde ambos lados ven caer a familiares y amigos, ya sea por la polarización del narcotráfico o como víctimas colaterales de esta violencia.
Desde hace años, el propio gobierno ha descuidado el sector de la seguridad y su regulación. No es un problema nuevo; es una situación que arrastramos desde hace más de una década. Aun así, en la actualidad estamos presenciando un aumento alarmante. En 2010 se reportaron 527 homicidios dolosos en el país; esta cifra ascendió hasta 905 en 2023. Aunque, por fortuna, desde entonces se ha registrado una leve disminución con 873 casos en 2025, según datos del OIJ, el nivel de violencia sigue siendo preocupante.
Es un tema que muchos consideran repetido, incluso cansado. Pero cuando las muertes afectan a una parte importante de la población, la otra simplemente aparta la mirada, esperando no verse afectada. El abandono de las comunidades más vulnerables del país es evidente. En muchos de estos lugares, la educación ni siquiera es una opción real: es más fácil involucrarse en bandas que estudiar. No hay suficientes docentes dispuestos a arriesgar su seguridad para enseñar, el dinero no alcanza y, en medio de la necesidad, muchas personas recurren a lo que sea necesario para alimentar a sus familias, aun fuera de la legalidad.
Desde mi perspectiva, esta situación es devastadora. He visto cómo jóvenes, excelentes estudiantes, pierden la vida por culpa de terceros, por alguien que huía, por circunstancias que no controlaban. Jóvenes de mi edad o incluso menores. El dolor es inmenso y lo peor es la sensación de abandono. No encontramos respaldo en quienes nos gobiernan. No hay respuestas reales ni acciones contundentes, solo promesas vacías y un espectáculo más para los periódicos y la televisión. Mientras el crimen nos roba lo que más amamos enfrente de nuestras caras, simplemente en algo más que pensar antes de escoger a nuestros líderes.
