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Nueva Asamblea Legislativa: un bipartidismo fraccionado

Ya conformada la nueva Asamblea Legislativa y su directorio, estamos a las puertas de observar un fenómeno emergente: la germinación de un “bipartidismo fraccionado”. La sensación de urgencia de los bloques opositores los ha empujado a conformar un gran bloque opositor, en el cual podemos notar una autentica ensalada de posturas políticas, intereses y personalidades convergiendo para dar respuesta a la fracción oficialista en los casos que consideren necesarios.

Dicho bloque opositor cuenta con el apoyo de 26 diputaciones, las cuales se encuentran repartidas entre los demás partidos políticos: Partido Liberación Nacional (PLN), Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), Coalición Agenda Ciudadana (CAC) y el Frente Amplio (FA). Este escenario es interesante, porque desde su conformación podemos categorizar a quienes integran esta alianza: los partidos dominantes como PLN y FA, los cuales lograron varias curules; y los miembros residuales del CAC y PUSC, quienes están representados por las diputadas Claudia Dobles y Abril Grodienko.

Por otro lado, tenemos una fracción oficialista, representados bajo un solo nombre (cuestión que el movimiento “rodriguista” no logró conseguir con la asamblea pasada), con 31 diputados y el control total del directorio. No obstante, esta combinación de factores posee un gran defecto: una dirección país poco clara y líneas ideológicas contradictorias.

Para demostrar la afirmación anterior podemos hacer un recorrido breve respecto a algunos diputados del PPSO:

Jose Miguel Villalobos: en su pasado apoyó a partidos como el PAC y el FA, criticó el uso de los espacios religiosos para emitir mensajes políticos y defendió el Estado laico, posturas que podrían considerarse de izquierda progresista;

Nayuribe Guadamuz: cuando estuvo a cargo del Ministerio de Cultura firmó la declaratoria de interés cultural la marcha LGBT;

Antonio Barzuna: Se autoproclama en su red social X como “Liberal conservador”;

Gonzalo Ramírez: Conservador, quién fue miembro del partido cristiano evangélico Renovación costarricense.

Ambas fracciones parecen tener el mismo síntoma a pesar de sus circunstancias: la búsqueda de consolidarse en medio de una coyuntura inestable, y diputados diferentes formando parte de sus respectivos bloques. Es lo que en teoría de sistemas se conoce como “equifinalidad”: alcanzar el mismo resultado a partir de condiciones iniciales distintas.

En palabras más simples, la oposición —por estar fraccionada— se unifica para intentar consolidarse en una asamblea dividida. Mientras la fracción oficialista, aun teniendo diputados ideológicamente distintos, intenta consolidarse en el mismo escenario. Ambos bandos hacen esfuerzos para evitar fracturas a pesar de sus diferencias visibles.

Esta nueva especie de “bipartidismo fraccionado” parece una respuesta a los malestares que han generado las asambleas legislativas conformadas por varios partidos, donde se pretende condensar las demandas de la ciudadanía, y aplacar el ruido ininteligible que en ocasiones implica tener más de 3 fracciones parlamentarias.  A diferencia de alianzas pasadas en el plenario, la oposición ya no solo se organiza para avalar ciertos proyectos. En cambio, formaron un bloque común para llevar a cabo una agenda conjunta.

Por esta razón el panorama ya no apunta a una asamblea multipartidista, sino a un congreso bipartidista donde tanto oficialismo como oposición buscan suplir sus necesidades: mientras la oposición busca hacerle frente al partido de gobierno, el oficialismo por su parte busca una identidad partidaria sin importar quienes son sus miembros.

Este análisis no pretende ser concluyente, es más una lectura inicial de un fenómeno que debe estudiarse con el paso del tiempo. Por lo que vale la pena cuestionarse:

¿El oficialismo logrará coherencia interna o se fragmenta?

¿La oposición mantendrá su disciplina en votaciones clave?

¿El fenómeno se consolida o morirá en su etapa inicial?

La Asamblea Legislativa tiene una misión primordial: ganar credibilidad y confianza ante una ciudadanía que los rechaza abiertamente. Mientras tanto, estamos por atestiguar si el “bipartidismo fraccionado” posee el músculo suficiente para sostener sus agrupaciones partidarias, muy a pesar de las debilidades e inconsistencias presentes en los dos grandes bloques de esta nueva Asamblea Legislativa.