En el ámbito educativo, se suelen jerarquizar las materias. En Costa Rica las materias del currículo escolar se dividen en "básicas" y "complementarias" (estas últimas a veces llamadas, incluso, "especiales"). En el orden de las cosas, las materias básicas se entienden como las troncales, es decir, aquellas indispensables en el currículo, mientras que las otras las complementan.
Parece simple nomenclatura pero sabemos que el lenguaje define y modifica nuestra visión de mundo. Inevitablemente, nos hemos acostumbrado a entender que las materias básicas son indispensables y las complementarias, potencialmente desechables.
Esta jerarquía de valor es, a los ojos de la neurociencia, obsoleta. La ciencia es contundente: el cerebro no aprende de forma aislada ni por departamentos; el aprendizaje es integral. De hecho, existe un fenómeno que debería obligarnos a replantear estas etiquetas: el efecto transferencia, que se entiende como la capacidad del cerebro para aplicar conocimientos, estrategias o habilidades adquiridas en un contexto específico a una área de ejecución completamente distinta. Aplicado a la educación, el cerebro aprovecha el conocimiento adquirido en una área A para mejorar el rendimiento en una área B que, aunque pareciera no tener nada que ver, comparte con ella redes neuronales similares.
Así, lo que aprendemos en Música desarrolla habilidades cognitivas que fortalecen, por ejemplo, las áreas responsables del pensamiento lógico-matemático y la comprensión lectora. Es decir, aprender a leer una partitura activa las mismas conexiones neuronales que se usan para decodificar palabras y resolver ecuaciones. La evidencia acumulada por instituciones como la Universidad de Harvard y el Instituto Brain and Creativity de la USC no deja lugar a dudas: el cerebro musical es un cerebro con una conectividad superior. La neurociencia ha demostrado que tocar un instrumento, cualquiera que sea, es el equivalente a un entrenamiento de cuerpo completo para el cerebro.
Si la música tiene la capacidad de crear la infraestructura neuronal sobre la cual se asientan la lengua y las matemáticas, ¿por qué seguimos tratándola como un elemento opcional? Eliminar o reducir las horas de Música en las escuelas es, literalmente, quitarle al cerebro la oportunidad de fortalecer las conexiones que luego necesitará para la vida. No es una materia pensada para formar músicos (necesariamente), sino para desarrollar cerebros más capaces, más plásticos y mejor preparados para el análisis crítico.
Un sistema educativo sano es aquel que estimula el potencial cognitivo de los y las estudiantes. En un entorno laboral y social que demanda cada vez más adaptabilidad, creatividad y pensamiento complejo, la música no puede ser considerada un complemento sino una inversión estratégica de alto retorno.
Es hora de que, desde la gestión educativa y las políticas públicas, dejemos de llamar a estas materias "especiales" y empecemos a reconocerlas como lo que realmente son: esenciales.
