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Magnifica Humanitas: la Iglesia entra al debate sobre la IA

No es casualidad que el cardenal Robert Prevost tome el nombre de “León XIV”; por el contrario, me es difícil pensar en uno más apropiado, pues su predecesor, “León XIII”, vivió un periodo de inestabilidad e incertidumbre política y social sin precedentes, marcado por el auge del imperialismo, la Revolución Industrial y el enfrentamiento ideológico entre el capitalismo y el movimiento socialista. En ese contexto nace la Doctrina Social de la Iglesia con su encíclica Rerum Novarum, donde se aborda la defensa de la persona humana frente a la crisis de su tiempo.

De la misma forma, hoy León XIV toma la estafeta de León XIII y afronta la responsabilidad de que la Iglesia encare el tema de la inteligencia artificial de forma directa, titulando su encíclica: “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”, y así como en 1891 se criticó a la Iglesia por ocuparse de temas que, según algunos, no le competían, muchos saltan hoy a hacer lo suyo, distorsionando el texto papal.

Ya en la introducción, León XIV marca las líneas de forma clara con sus dos primeras citas: una de Benedicto XVI, “La técnica es un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y la libertad del hombre”, y otra de Francisco I: “Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma”, señalando los beneficios y riesgos de la tecnología, al tiempo que establece una linea de pensamiento eclesiástico.

De la misma forma que el papa León XIII hizo frente a las Rerum Novarum (“nuevos asuntos”), León XIV afronta las Res Novae (“nuevas cosas”), siempre en defensa de la persona humana, encarnada especialmente en aquellos sin capacidad de control sobre la vorágine tecnológica que se desarrolla frente a ellos y quienes solamente pueden sentarse, optimistas, a observar en espera de que todo salga bien.

La encíclica pone el dedo sobre los temas que deben ser prioridad: desempleo, usos militares de la IA, impacto ambiental, transparencia de los algoritmos y el valor ético de la inteligencia artificial. “La tecnología nunca es neutral”, señala Su Santidad, pues, innegablemente, una tecnología como la inteligencia artificial hereda los sesgos de quienes la programan, diseñan y entrenan, además de ser impulsada por los intereses de quienes la financian.

Acertadamente, el documento critica la concentración de poder en grandes corporaciones tecnológicas y advierte sobre el llamado “colonialismo digital” o “tecno-feudalismo”. Nunca antes en la historia tan pocas personas habían tenido tanto poder sobre el resto de la humanidad, parafraseando a Francisco. Por otro lado las personas no pueden ser reducidas a simples datos, perfiles o recursos económicos administrados por algoritmos. Según la encíclica, ningún sistema automatizado puede reemplazar completamente la conciencia moral, la libertad humana ni la capacidad espiritual que distingue al ser humano. León XIV insiste en que la tecnología debe permanecer al servicio de la persona y no al contrario.

Sobre educación, el documento subraya que las nuevas generaciones deben aprender no solo competencias técnicas, sino también valores éticos y pensamiento crítico. León XIV sostiene que el desarrollo tecnológico sin formación moral puede conducir a una sociedad manipulable, superficial y dependiente de sistemas automatizados. El Papa advierte especialmente sobre el peligro de delegar excesivamente la toma de decisiones humanas a máquinas entrenadas mediante datos sesgados o intereses comerciales.

León XIV no adopta una postura de rechazo absoluto hacia la IA. Reconoce que la inteligencia artificial puede contribuir positivamente en muchas áreas; el problema, según el documento, no es la tecnología en sí misma, sino el modelo ético y social bajo el cual se desarrolla. Por ello, propone una “alianza ética global” entre gobiernos, universidades, empresas, científicos y organizaciones religiosas para orientar la innovación hacia el bien común.

Magnifica Humanitas concluye con un llamado a la responsabilidad colectiva y sostiene que la humanidad se encuentra en una encrucijada histórica: utilizar la inteligencia artificial para construir sociedades más humanas y solidarias, o permitir que la tecnología amplíe la desigualdad, el control y la deshumanización. La encíclica insiste en que el futuro no debe ser definido únicamente por intereses económicos o avances técnicos, sino también por valores éticos, justicia social y respeto a la dignidad humana.

El llamado del papa León XIV debe ser escuchado. No podemos limitarnos a ser observadores; urge un diálogo a todo nivel sobre los riesgos y beneficios de la inteligencia artificial y la forma en que esta puede gestionarse. La discusión sobre la inteligencia artificial ya no pertenece únicamente a ingenieros y corporaciones tecnológicas; pertenece a toda la humanidad.