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¿Logró Costa Rica romper el estigma de que el crecimiento económico aumenta la desigualdad?

A lo largo de las décadas, uno de los grandes debates económicos ha sido si el crecimiento económico por sí solo es suficiente para reducir la pobreza y la desigualdad, o si requiere de políticas públicas que aseguren que sus beneficios lleguen efectivamente a toda la población. La evidencia muestra que, en muchos casos, el crecimiento tiende a concentrarse en ciertos sectores o regiones, lo que puede ampliar las brechas sociales si no existen mecanismos que redistribuyan sus efectos.

En este contexto surge una pregunta clave: ¿es más eficaz combatir la pobreza apostando únicamente al crecimiento económico o mediante políticas que “empoderen” a las personas en condición de pobreza para que puedan integrarse a ese crecimiento?

Esta discusión suele dividirse en dos enfoques. Por un lado, la teoría del “goteo” plantea que el crecimiento económico, por sí mismo, termina beneficiando a toda la sociedad, ya que la expansión de los sectores más dinámicos genera efectos que se trasladan progresivamente al resto de la economía. Por otro lado, una visión más crítica sostiene que el crecimiento no garantiza por sí solo la reducción de la pobreza si no se atacan sus causas estructurales. Desde esta perspectiva, políticas como el acceso a la educación, la capacitación técnica, el fortalecimiento de habilidades y la mejora de la empleabilidad son claves para que los hogares más vulnerables puedan aprovechar las oportunidades que genera la economía.

Con el objetivo de aportar evidencia a este debate, se analiza el caso de Costa Rica entre 2015 y 2025, en términos de pobreza extrema, pobreza no extrema, pobreza multidimensional (IPM), producto interno bruto (PIB) y desigualdad.

Costa Rica: Producto Interno bruto, índice de pobreza multidimensional, pobreza extrema, pobreza no extrema, 2015- 2025.

Fuente: elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Cencos (INEC) (2026).

Para efectos del análisis, se excluye el período asociado a las perturbaciones económicas y sociales provocadas por la pandemia del COVID-19.

El comportamiento de las variables entre 2015–2019 y 2022–2025 plantea la interrogante sobre cuáles factores económicos, sociales y de política pública podrían explicar que, pese a un crecimiento moderado del PIB en ambos periodos, el IPM pasara de 14,3% a 9,9%, la pobreza extrema de 6,4% a 3,8% y la pobreza no extrema de 16,7% a 11,4%, mostrando una mejora más acelerada en el periodo posterior a 2022.

En este contexto, se observa que a partir de 2022 las políticas de combate a la pobreza han tendido a enfocarse con mayor énfasis en sus causas estructurales y no únicamente en sus consecuencias. Ejemplo de ello son la Estrategia Nacional de Empleabilidad BRETE, IMAS Impulsa y los proyectos socioproductivos, el programa de Bachillerato para la Empleabilidad y el Emprendimiento, así como la Ruta del Emprendimiento y el apoyo de la Banca para el Desarrollo. Destaca el fortalecimiento del SINIRUBE, orientado a mejorar la focalización del gasto social hacia los hogares más vulnerables.

Por otra parte, al analizar el comportamiento del ingreso promedio por hogar, se observa que, previo a 2022 —excluyendo el periodo de la pandemia—, este mostró una mayor tasa de crecimiento en comparación con el período 2015-2019, como se evidencia en el gráfico siguiente.

Costa Rica: Ingreso promedio por hogar, 2015- 2025

Fuente: elaboración propia con datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Cencos (INEC) (2026).

El dato se estratifica con información del INEC para analizar si el crecimiento del PIB y del ingreso promedio ha beneficiado a los sectores de menores ingresos. En el Quintil I, la variación del ingreso fue de 10,1% entre 2015 y 2019, y de 26,4% entre 2022 y 2025, mientras que en el Quintil V fue de 15,2% en este último periodo.

Estos resultados sugieren que, en 2022-2025, el crecimiento del ingreso benefició relativamente más a los hogares de menores ingresos.

No obstante, para evaluar si este comportamiento se traduce efectivamente en una reducción de las brechas socioeconómicas, es necesario analizar la evolución de la desigualdad de ingresos. De igual forma, usando datos del INEC, el índice de Gini —que mide la desigualdad, donde 0 es igualdad total y 1 desigualdad total— mostró una variación de -0,39% durante 2015–2019 y de -3,17% durante 2022–2025, evidenciando una mayor reducción en el periodo más reciente. Esto sugiere que, una vez se rompe el ciclo estructural de la pobreza, mejora incluso la distribución del ingreso

En conclusión, la evidencia de Costa Rica entre 2015 y 2025 muestra que el crecimiento económico, por sí solo, no es suficiente para reducir de manera sostenida la pobreza y la desigualdad; los avances más significativos se observan cuando este crecimiento se acompaña de políticas públicas focalizadas que atacan las causas estructurales de la pobreza y mejoran la distribución de sus beneficios entre los hogares.