
Costa Rica atraviesa una transformación demográfica sin precedentes que nos obliga a mirar hacia adelante con realismo y estrategia. Lo que antes era una pirámide poblacional con una base ancha de jóvenes, se está convirtiendo rápidamente en un cilindro donde la población adulta mayor gana terreno cada año.
Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en menos de tres décadas, el 25% de los costarricenses superará los 65 años. Este cambio en la estructura del país no es solo un tema de pensiones o servicios públicos; es un llamado individual a replantear cómo estamos gestionando nuestro activo más valioso: el cuerpo.
Llegar a edades avanzadas es un éxito de la salud pública, pero vivir esos años con autonomía depende, en gran medida, de lo que hagamos décadas antes. Lamentablemente, el estilo de vida actual se ha vuelto una trampa de inactividad; pasamos demasiadas horas sentados en el tráfico, frente a una computadora en la oficina o descansando frente a una pantalla al llegar a casa. Para quienes ocupan puestos ejecutivos o de alta responsabilidad, el panorama es más retador, ya que el estrés constante y las agendas llenas suelen dejar la salud en el último lugar de prioridades. Es necesario entender que el ejercicio y una alimentación saludable no son un lujo, sino una necesidad básica para asegurar nuestra movilidad futura.
Para que durante la vejez podamos ser autónomos, es importante tener que la actividad física reside en entender que el ejercicio que realizamos hoy no busca resultados cosméticos inmediatos, sino que es una inversión directa para nuestra movilidad futura. Mantener la masa muscular y la salud cardiovascular en la etapa productiva es lo que nos permitirá, dentro de veinte o treinta años, valernos por nosotros mismos. La ciencia es clara: el ejercicio es el único factor capaz de manejar el reloj biológico de manera efectiva, fortaleciendo no solo los músculos, sino la capacidad de respuesta de todo nuestro sistema ante el paso de los años.
También, se requiere una atención meticulosa a la salud metabólica y nutricional desde el presente. Esto implica priorizar una ingesta adecuada de proteínas de alta calidad para combatir la pérdida de masa muscular relacionada con la edad, así como la incorporación de micronutrientes esenciales y antioxidantes que mitiguen el estrés oxidativo. Al gestionar de manera consciente lo que consumimos hoy, estamos reduciendo la probabilidad de desarrollar condiciones crónicas que suelen ser las principales responsables de la pérdida de independencia.
Además, la sostenibilidad del bienestar a largo plazo depende de la preservación de la salud sensorial y la agilidad mental. La prevención a tiempo incluye acciones tan concretas como proteger nuestra salud auditiva y visual, factores que a menudo se descuidan pero que son determinantes para mantener la conexión con el entorno y evitar el aislamiento social en el futuro. Asimismo, es vital fomentar una higiene del sueño reparadora, entendiendo que el descanso es el proceso biológico mediante el cual el organismo se regenera.
Por otro lado, la salud mental es el eje silencioso que sostiene cualquier esfuerzo físico, por lo que integrar la gestión del estrés y el equilibrio emocional en el presente es vital para un envejecimiento saludable. Mantener una mente resiliente, capaz de adaptarse a los cambios y de cultivar vínculos afectivos significativos, previene el deterioro cognitivo y emocional que a menudo acompaña a la soledad en etapas avanzadas. Cuidar la salud mental hoy no es solo una medida de bienestar inmediato, sino la garantía de que nuestra lucidez y paz interior nos acompañen con la misma fuerza que nuestro cuerpo en las décadas por venir.
En este esfuerzo por proteger nuestra agilidad mental, surgen espacios fundamentales como el Centro de la Memoria del Centro de Salud Bello Horizonte. Este es un lugar dedicado exclusivamente al cuidado y la estimulación de la memoria y las capacidades para pensar, brindando apoyo también en casos de demencia. A través de esfuerzos constantes, como talleres especializados y programas de guía, se ayuda a las personas a fortalecer su mente y mantenerse conectadas con su entorno. Tomar acciones a tiempo es la única manera de transformar la incertidumbre por el futuro en una estrategia de bienestar.
Finalmente, tomar acciones a tiempo es la única manera de transformar la incertidumbre por el futuro en una estrategia de bienestar. El reto de una población en aumento nos exige ser ciudadanos proactivos que se preparen para seguir siendo protagonistas de sus propias vidas. La vejez no debería ser un periodo de limitaciones, sino la cosecha de una disciplina que comenzó mucho tiempo atrás, asegurando que los años ganados sean años de verdadera plenitud.
Escrito por: Ana Alvarado, directora corporativa del Centro de Salud y Residencia Bello Horizonte.
