Si bien en las últimas décadas se han dado avances significativos en la reducción de la mortalidad de mujeres embarazadas y de bebés recién nacidos, a nivel mundial, la salud materna continúa siendo un problema de la sociedad derivado de la combinación entre aspectos médicos, estilos de vida y factores eco sociales e individuales.
A la fecha, globalmente cada dos minutos fallece una mujer durante el embarazo o en el parto y se estima que alrededor de 6300 bebés mueren durante su primer mes de vida, más que todo por causas prevenibles o tratables. Ante este escenario, resulta necesario reconocer la importancia de aplicar un enfoque de atención integral, que abarque la salud desde antes hasta mucho después del embarazo y no solo se centre en reducir la mortalidad.
Más allá de sobrevivir, la salud materna debe redireccionarse hacia la promoción de la salud como tal y del bienestar a lo largo de la vida. Una estrategia que contemple desde el acceso a una atención médica asequible y de alta calidad —incluyendo la asistencia a consultas preventivas— hasta la adopción de hábitos saludables para hacerle frente, también, a otras afecciones como diabetes, hipertensión u obesidad.
Una consulta preventiva es vital, porque nos permite obtener una evaluación de factores de riesgo, apoyo en la planificación familiar y hasta atención prenatal (para el parto y postparto), así como efectuarnos exámenes de detección, cuando los necesitemos. Además, recibir aquellas vacunas necesarias y asesoramiento para contar con una salud óptima.
Efectivamente, la población infantil no es la única que necesita vacunarse. Todas las mujeres también lo requerimos, a manera de protegernos contra enfermedades prevenibles4 en distintas etapas de la vida —más allá de la niñez— como la adolescencia, edad adulta, el embarazo y la posmenopausia.
En este contexto, la etapa del embarazo también adquiere relevancia ya que no solo nosotras nos enfrentamos a ciertos riesgos de infección y complicaciones por los cambios inmunológicos que suceden en esta fase, sino también nuestros recién nacidos debido a la inmadurez de su sistema inmune.
He ahí que la vacunación materna es considerada una estrategia de salud clave contra enfermedades infecciosas como la influenza, el tétanos, la tos ferina, la COVID-19 y más recientemente, el virus sincitial respiratorio (VSR). Estas estrategias son seguras y efectivas además de reducir costos de atención médica, complicaciones a largo plazo y hasta hospitalizaciones, lo que se traduce en embarazos más saludables, mayor inmunidad e impacto en la sanidad pública.
Nuestra salud cambia con el paso del tiempo, la etapa reproductiva, edad y bienestar general. Por eso, adoptar medidas de atención preventiva -como la vacunación- y de promoción de la salud, en igualdad de condiciones, resultan esenciales para mantenernos sanas; sin embargo, esto solo es posible si se fortalece el compromiso de los gobiernos y efectúan inversiones oportunas en el sistema.
Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), por cada dólar invertido en acciones de impacto en salud materna y neonatal, el retorno es de $20 en países de bajo y medio ingreso. ¡Sin duda, el momento es ahora!
La salud de las mujeres no puede seguir siendo una estadística ni una urgencia momentánea, debe ser un compromiso permanente con la vida, el bienestar y el futuro. Sabemos qué funciona, conocemos los beneficios y entendemos el costo de no actuar. Hoy, la diferencia está en las decisiones que tomemos. Porque invertir en nuestra salud no solo previene riesgos: transforma realidades, protege generaciones y define el tipo de sociedad que queremos ser.
