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La partería como camino para transformar la forma en que nacemos

En Costa Rica está ocurriendo algo profundo y esperanzador: cada vez más mujeres buscan formas de parir que honren su cuerpo, su autonomía y su capacidad innata para dar vida. Este cambio no nace de una tendencia pasajera, sino de la evidencia. La Organización Mundial de la Salud (OMS) respalda el modelo de la partería como una de las estrategias más efectivas para garantizar nacimientos seguros, dignos y respetados. Es, en esencia, la respuesta a lo que tantas mujeres han pedido durante años: un nacimiento acompañado, informado y centrado en ellas.

La partería no es una práctica del pasado, es un modelo de atención que reconoce la fisiología del parto como un proceso saludable, que privilegia la escucha, la presencia continua, la calma y el respeto. Entiende que el nacimiento no es solo un evento clínico, sino un acontecimiento humano que marca para siempre la vida de la madre y de la familia misma.

Mientras el sistema tradicional suele operar desde la prisa, la intervención rutinaria y la distancia emocional, la partería ofrece lo contrario: tiempo, acompañamiento, confianza, información clara y un profundo respeto por los ritmos del cuerpo. La evidencia es consistente, el acompañamiento continuo —como el que brindan las parteras y las doulas— reduce cesáreas, disminuye intervenciones innecesarias, mejora la experiencia emocional y fortalece la seguridad de la madre y del bebé.

En Costa Rica, este modelo está tomando fuerza. No porque sea alternativo, sino porque responde a una necesidad real: devolverles a las mujeres el protagonismo sobre sus propios nacimientos, ofrecer alternativas más humanas y sanar una historia donde demasiadas veces el parto ha sido vivido con miedo, desinformación o soledad.

Así como la OMS ha sido clara al afirmar que la violencia obstétrica es una forma de violencia de género, también ha señalado que la partería es una de las vías más efectivas para prevenirla.

Diana, la prueba viva de que el cuerpo sabe cuándo es escuchado

En un país donde tantas mujeres viven miedo y desinformación, también existen historias que muestran que otra forma de nacer es posible. Una de ellas es la de Diana, quien ha tenido dos partos vaginales y comparte su vivencia con una claridad que ilumina.

En su primer nacimiento, aunque estaba feliz y sin miedo gracias a un excelente curso de preparación, sintió que tuvo que “pulsearla” para lograr un parto vaginal. Le pusieron epidural, le hicieron episiotomía y no la dejaron moverse como su cuerpo pedía. Fue un nacimiento hermoso porque llegó su hija, pero también un parto intervenido y dirigido por otros. Ese día entendió que su cuerpo merecía más respeto del que había recibido.

Su segundo parto fue completamente distinto. Ya formada como doula, llegó informada, empoderada y acompañada por una partera y por un obstetra que practicaba el parto humanizado. Esta vez no tuvo que pedir permiso para ser protagonista, lo fue desde el inicio. Pudo moverse, respirar, gritar, reír. Entre contracción y contracción sentía dolor, pero también alivio y satisfacción. A su lado, su partera le hacía masajes y le recordaba que su cuerpo sabía parir. Todas las decisiones fueron informadas y nada se hizo sin su consentimiento. Diana lo resume así:

Esto es respeto. Esto es cuidado. Esto es un derecho que se está cumpliendo”.

Su historia demuestra que el parto respetado no es una utopía, sino una posibilidad real cuando hay voluntad, formación y humanidad.

El arte de acompañar: parteras y doulas en el corazón del parto

En Costa Rica, parteras y doulas acompañan a mujeres en hospitales públicos, privados y también en sus hogares. Su labor reduce intervenciones innecesarias, mejora la experiencia emocional, disminuye el miedo, fortalece la autonomía, protege la fisiología y, en muchos casos, salva vidas. A pesar de ello, su trabajo continúa siendo invisibilizado, subvalorado o incluso obstaculizado.

La OMS reconoce que tanto las parteras como las doulas cumplen un papel fundamental dentro del acompañamiento continuo, un modelo de apoyo que resguarda la fisiología del parto, la autonomía de las mujeres y su bienestar emocional. Costa Rica está viendo un crecimiento de la partería, impulsado por mujeres que buscan alternativas más humanas y por profesionales que entienden que el respeto no es un lujo, sino un derecho.

Construyamos un país que acompañe la vida desde el inicio

La historia de Diana es una luz en medio de un sistema que todavía tiene sombras. Es la prueba viva de que el respeto no solo es posible, sino transformador; de que la información cambia destinos; de que el acompañamiento continuo sostiene, repara y devuelve poder y de que la autonomía no se negocia.

El futuro del nacimiento en Costa Rica no depende únicamente de infraestructura o tecnología, depende de nuestra capacidad colectiva de escuchar a las mujeres, de creerles, de reconocer que sus cuerpos no son territorio de control sino de autonomía y de aceptar que el respeto es un derecho humano. Si queremos un país donde el parto humanizado sea la norma, debemos empezar por brindar información que empodere, sensibilización que transforme y acompañamiento que sostenga.

Necesitamos que los colegios enseñen el respeto por el cuerpo y el consentimiento, que las universidades formen profesionales capaces de mirar a las mujeres a los ojos, que los hospitales integren a parteras y doulas como aliadas, que las instituciones escuchen sin minimizar y que la sociedad deje de normalizar la violencia obstétrica como si fuera parte del proceso. Un país que educa en respeto acompaña en respeto, y un país que acompaña en respeto transforma generaciones.

Cuando una mujer conoce sus derechos, cambia su parto. Y cuando un país cambia la forma en que nacen sus hijos, cambia su historia.