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La gestión de orgánicos no se improvisa

La gestión de residuos orgánicos ha venido adquiriendo un papel estratégico en la toma de decisiones de las municipalidades. Los costos asociados, los riesgos regulatorios y el impacto ambiental ya no pueden planificarse de manera aislada. Constituyen una pieza clave de una visión sistémica local, en la que la gestión de los residuos impacta directamente en las finanzas municipales, la confianza ciudadana y el desarrollo sostenible de un cantón.

La planificación de proyectos vinculados a la gestión de residuos orgánicos municipales es un cimiento que permite transformar la buena voluntad política y de los miembros de la comunidad en un modelo sostenible, que requiere de información veraz y actualizada sobre las tasas de generación y composición de residuos y la dinámica de reciclaje del territorio.

Sin una ruta estratégica, las buenas intenciones quedan expuestas a un costoso ciclo de improvisación.

Una planificación efectiva debe enmarcarse en datos que reflejen la realidad del cantón en cuanto a la gestión de residuos orgánicos. La Guía Técnica: Planificando la Gestión de Residuos Orgánicos sugiere un listado de temas a considerar incluyendo datos sobre la generación, rutas de recolección, costos asociados a iniciativas implementadas por la municipalidad para la gestión de orgánicos y actores vinculados a estos esfuerzos. El análisis de esta información para la identificación de fortalezas y oportunidades es un momento idóneo para integrar esfuerzos de posibles aliados como es el caso de personas que forman parte de Comités GIRS (Gestión Integral de Residuos Sólidos), Comité Ambiental del Concejo Municipal, Área Rectora de Salud, empresas con niveles importantes de generación de residuos orgánicos y comités comunitarios que también se sumen en esta co-construcción de una ruta estratégica.

A menudo se cree que el objetivo de un plan de gestión de residuos orgánicos se orienta simplemente a la compra de composteras o a la creación de centros de acopio, una visión fragmentada que se reduce a la adquisición de activos. La experiencia demuestra que la infraestructura sin gobernanza está destinada al fracaso, si la comunidad no comprende su rol en la separación, el residuo orgánico puede venir contaminado, afectando el proceso de tratamiento ya sea manual o automatizado. Es por esto por lo que una planificación debe aportar objetivos integrales como la educación ambiental, la especialización técnica del recurso humano sobre tecnologías para el tratamiento de residuos orgánicos y el diseño de rutas de recolección eficientes, así como el integrar esfuerzos con sector privado, entre otros retos.

No se debe dejar de lado que el fin último de una planificación vinculada a residuos orgánicos genera valor en la gestión financiera de una municipalidad y un impacto directo en las metas nacionales de mitigación de emisiones de metano.

Pasar de la improvisación a una estrategia es un reto importante para las municipalidades. Solo mediante una planificación participativa e integral podemos lograr que proyectos en gestión de residuos orgánicos dejen de ser iniciativas aisladas de buena voluntad y se conviertan en políticas públicas locales sostenibles, eficientes y verdaderamente transformadoras para nuestras comunidades.

Desde la experiencia de CEGESTI en la ejecución del proyecto “Hoja de ruta para mejorar  la gestión de residuos orgánicos y reducir las emisiones de metano en Costa Rica” hemos desarrollado una guía con ejemplos prácticos sobre la planificación de iniciativas municipales para la gestión de residuos orgánicos, así como charlas con municipalidades que nos cuentan su experiencia.

El camino hacia la sostenibilidad local requiere de estrategia y voluntad, no solo es una realidad posible; es un reto que sí podemos lograr.