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La estafa de Open English y demás ocurrencias del gobierno saliente

La última ocurrencia del gobierno saliente, anunciada con bombos y platillos, es algo de lo que la academia está hablando poco. Nos referimos a la contratación de la plataforma Open English el 13 de abril del presente y cuyo contrato anual es de 74 millones de dólares, es decir, 34 mil millones de colones.

Para quienes no dominan o no han estudiado una segunda lengua, puede parecer, como todo lo que vende el mercado, un asunto de “macdonalización”: se paga un combo y en poco tiempo, tenemos lo solicitado. Pero la enseñanza o la adquisición de una segunda o tercera lengua no es tan fácil como parece.

En primer lugar, pasa por aspectos afectivos; tiene que interesar, tiene que gustar. Es un aspecto básico. Por eso hay gente que “se matricula” en los cursos de idiomas, porque previamente le ha gustado, le ha llamado la atención esa cultura, su música, su gastronomía, etc. La gente no se matricula por obligación sino porque hay un interés, casi siempre previo. Ahora resulta que 500 mil personas van a aprender inglés según el gobierno, pero eso no se puede saber porque simplemente, lo afectivo no es tan fácil de medir en una plataforma tecnológica con nula o poca mediación. La enseñanza-aprendizaje de un idioma es un proceso social, que debe darse con acompañamiento de profesionales en el área que comprendan no solo la función didáctica o comunicativa del idioma, sino también su parte afectiva, para poder así brindar las herramientas que los estudiantes requieren en su proceso individual de formación.

En segundo lugar, existen exámenes de diagnóstico. En ellos se coloca al estudiante en un rubro con respecto a un dominio de la lengua y según marcos; por ejemplo, en nuestra escuela tenemos el Marco Común Europeo, una herramienta consolidada y robusta que mide a nivel internacional, lo que debe saber un estudiante de segunda lengua. Los niveles que establece ese marco tienen también requisitos que deben cumplirse, en cuanto a funciones, estructuras lingüísticas y horas de exposición al idioma, y cuyos requerimientos nuestra escuela domina por su amplia trayectoria académica e instrumental en el proceso de enseñanza-aprendizaje del inglés.

La matrícula es un tercer aspecto, si bien ligado al primero que señalé. La matrícula es algo que fluctúa, no se mantiene igual durante todo el periodo del curso. Nuestra escuela- pionera en el campo y que lleva más de 40 años ofreciendo cursos de inglés a todos los costarricenses y a diferentes empresas del estado y privadas- conoce esas vicisitudes del mercado y de la gente. Empiezan 50 y finalizan 25. Esto lo puede comprobar cualquier persona, es parte de la naturaleza humana empezar algo y dejarlo botado por múltiples razones. Lo mismo debe ocurrirle a la Alianza Francesa, al Centro Cultural Costarricense Norteamericano, y a otros lugares consolidados en la enseñanza de una segunda lengua. Sin embargo, nuestra institución da un seguimiento constante a quienes desertan y   les motiva a continuar en su proceso de formación y aprendizaje. Nuestros docentes están capacitados para ello; no son únicamente hablantes nativos del idioma. En su currículo, tienen formación universitaria comprobada, exámenes de certificación, procesos de capacitación continua en didáctica, metodologías de enseñanza y evaluación.

El cuarto aspecto es el ligado a los exámenes estandarizados. El TOEFL, el TOEIC y otros, son los instrumentos validados para reconocer, a nivel mundial, el dominio de una lengua. Nuestra escuela está autorizada a emitir la certificación de ese dominio y de hecho, no cualquiera puede hacer esto, ya que debe pasar por un proceso exhaustivo de certificación. Aparentemente, hasta Open English puede hacerlo, pero vamos a lo mismo: todos parecen darla, pero pocos tienen el respaldo de una universidad de renombre, como es nuestro caso.

Por último, la enseñanza del inglés (y ya de otras lenguas, como el mandarín o el portugués) debe ser política nacional y no berrinche ni ocurrencia. Así como a las universidades públicas se nos piden indicadores y logros, a cualquier empresa privada debe pedírsele exactamente lo mismo. No fue este el caso. Parece que solo con participar en el Sicop fue suficiente. Esto no tiene ni pies no cabeza, es una simple ocurrencia sin ton ni son; sin estructura, sin seguimiento, sin indicadores claros de entrada ni salida, en una plataforma masiva que obvia completamente la individualidad de cada aprendiz, sus necesidades y retos. Por el contrario, nuestra escuela sí ofrece plataformas idóneas para nuestros estudiantes, pensadas desde la virtualidad y la presencialidad.

En medio de recortes inconstitucionales (porque el FEES debe ser quinquenal y debe procurar el 8% que en este gobierno no ha llegado ni al 4%), de desobediencia por parte del Ejecutivo (Nogui Acosta, como ministro de Hacienda, no giró lo que la Asamblea le ordenó que girara en 2025), de satanización de la educación superior que siempre nos caracterizó en Centroamérica y cuya calidad está demostrada, solo nos queda la denuncia y el conocimiento de quienes sí hemos impartido idiomas por décadas, en un proceso riguroso y académico y que nos ha dejado ganancias considerables y decentemente ganadas.

Mientras tanto, vamos a estar atentos a los “productos” de Open English porque una estafa debemos pagarla todos, y en este caso, muchos costarricenses no estamos dispuestos a cubrir con nuestros salarios, las ocurrencias de turno de un gobierno errático y saliente.