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La ciudad de la suciedad eterna

Para este breve artículo de opinión, valore titularlo la ciudad del eterno excremento o la ciudad baño, pero la suciedad eterna encaja mejor. Ello por cuanto al caminar por el centro de la ciudad de San José es como un baño, no la parte linda o que posee un aroma agradable a limpieza lavanda o pino, es la parte del baño que va enterrada: la cloaca. El devenir de la ciudad se ha convertido no solo en la basura mal colocada por los habitantes, y también, por qué no decirlo, mal recolectada por las autoridades municipales.

El problema no es la basura, pues ejecutando labores simples como barrer bien las calles, aceras y bulevares de San José se arregla, el asunto se complica con la abundante cantidad de desechos fecales que los indigentes de la capital dejan en las aceras paredes de edificios y caños de la ciudad (y no voy a mentir, también uno que otro ciudadano de bien que orina camino a su casa la pared más cercana).

Deambular por San José a cualquier hora, día o noche, en las zonas más populosas, es entrenar el olfato al olor del olor a orín y excremento, fresco o ya fosilizado. Las aceras ya están curtidas de los líquidos dejados por habitantes de calle, pero lo realmente triste es la aptitud no solo de las autoridades municipales, sino de la población en general.

Hemos convertido el paisaje urbano capitalino en un popurrí de olores fétidos, donde la indiferencia y ausencia de empatía producen un ambiente donde la contaminación ambiental es tolerada, admitida y aceptada como parte de la cotidianeidad urbana.

La existencia de este ambiente no solo es evitable, es posible cambiarlo, pues una caminata desde el Hospital San Juan de Dios hasta Cuesta de Moras, podemos validar que, por la condición socioeconómica de la población del lugar así es la forma que las autoridades enfocan sus recursos de limpieza. He sido testigo de como las barredoras de nueva generación limpian la avenida central a las 7:00 am, mientras que a esa misma hora los barredores que tienen la responsabilidad de limpiar del San Juan de Dios hasta el Parque Central solo tienen sus escobas para recolectar desechos no biológicos.

Por ende, la composta de cacas se acumula día con día.

Ahora, para que tanta queja, simple: esto es un tema de administración municipal en el cual, con su intervención se podría cambiar la cultura de la ciudad para un mejo ornato. Pero si no se hace este tipo de manifiestos, la verdad es que San José seguirá siendo, a muy pesar de todos, la ciudad de la suciedad eterna.