Costa Rica inicia una nueva etapa legislativa bajo un contexto social que no se puede dar el lujo de improvisar o aprender.
Nuestro país lamentablemente arrastra desafíos considerables en materia de seguridad, educación y salud que poco a poco se han convertido en una cotidianidad para la gran mayoría de costarricenses, y estas requieren respuestas, unas que sean serias, sólidas, pero sobre todo articuladas.
Para el nuevo congreso, el día de hoy no solo adquirieron un título, sino también una carga de responsabilidad abismal para la subsistencia política de sus agrupaciones, una que tiene que hacerle frente a una ciudadanía cada vez más exigente y menos tolerante a la falta de voluntad política ante las necesidades nacionales.
Ante ello, me hizo particular ilusión el primer discurso de la diputada Abril Gordienko y la coalición que plantean los bloques opositores, en el que justamente marcan esto como un punto relevante a la hora de hacer conversación política, señalando la necesidad del diálogo, la responsabilidad política y la construcción de acuerdos por el bienestar colectivo más allá de agendas individuales.
Dejando de lado una estrategia política, esto tiene que ser una aplicación de valores éticos que se adoptan en el momento en que se presenta una candidatura, y como ciudadanía es nuestro deber tener una expectativa sólida sobre un parlamento que debe de legislar con sentido de urgencia ante las carencias nacionales, pero sin sacrificar su calidad técnica.
Necesitamos controles políticos firmes pero que no recaigan en los espectaculos bochornosos a los cuales nos tenía acostumbrados la gestión saliente, y como un eje final, necesitamos una Asamblea Legislativa que comprenda que su rol no es el de etiquetar ni el de dividir, sino el de construír en conjunto, porque al final para eso es que el pueblo los eligió.
El país tiene que dejar atrás las trincheras ideológicas, en donde hay bandos de buenos y malos según la perspectiva del que promulgue los discursos, ya esa política bipartidista quedó bastante atrás en nuestra historia y considero que debemos de aprender de ella para no repetirla.
Para llegar a acuerdos no necesitamos renunciar a convicciones, sino entender que la democracia y la gobernabilidad se construyen desde la negociación, respeto y la humildad en pro del bien común. Y en este sentido, el plenario legislativo todavía tiene mucho camino por delante, pero para nuestra dicha, con cada día que pasa estamos más conscientes de ello.
Es fundamental reconstruír la idea de que la confianza ciudadana, la transparencia, la rendición de cuentas y la comunicación clara no son aspectos negociables en materia de gobernabilidad, la ciudadanía no solo quiere resultados, sino también quiere entender como y porqué se llegan a los mismos.
No vamos a avanzar nunca como país si se prioriza el cálculo político de corto plazo antes que el interés público, y para ello es consigna nuestra como ciudadanos exigir menos confrontación simbólica y más “brete”.
Necesitamos menos ruido y más resultados, porque independientemente de quienes sean los comunistas o los fachos de la historia, la diferencia la marcarán aquellos que sepan escuchar, analizar y responderle al soberano (entiendase el pueblo) que los ha puesto en una posición de poder.
Al nuevo congreso, por favor trabajen por ese soberano, porque esta es su prueba de fuego.
