Vivimos en un país con poca memoria. O quizás no hemos sido educados para reconocer la importancia de recordar lo que sucedió en el pasado. O quizás resulta demasiado difícil hacerlo cuando no encontramos ni el lugar ni los medios para lograrlo.
Hace unos días, una joven participante en un concurso de preguntas y respuestas —en el que los concursantes deben responder correctamente una serie de preguntas de dificultad creciente para ganar un premio— no supo identificar, ante una de las preguntas supuestamente fáciles, al presidente que abolió el ejército en Costa Rica.
Fue justamente en la misma línea, para enfrentar esa falta de memoria, que acabo de editar un libro titulado ¿Quién era Graciela Moreno? La pregunta no es retórica: las generaciones jóvenes vinculadas al mundo de la cultura sencillamente no saben quién fue esta importante figura de la cultura costarricense.
Para apoyar el rescate de la memoria teatral, entregué mis archivos de casi cincuenta años de diseño y producción teatral a la Fundación MAE —Memoria de Artes Escénicas—, ubicada en el edificio patrimonial La Alhambra, en el centro de San José. La MAE, desde su fundación en 2010, enfrenta este desafío con rigor investigativo y una cuidadosa preservación de sus colecciones; por ello decidí confiarles los míos, y no me equivoqué.
Durante ese proceso de donación escuché, una y otra vez, de boca de estudiantes de archivística, comunicación e historia, que colaboran con el proyecto, la misma pregunta: “¿Quién era...?”. Nombres como los de Ana Poltronieri, Álvaro Marenco, Pato Catania… y tantos más. Todos ellos siguen vivos en los archivos de la MAE. Pero es necesario que salgan de las carpetas y vengan a acompañarnos en lo que pronto será el Museo de Artes Escénicas (también MAE por sus siglas).
Una nación que no recuerda su historia cultural no pierde solamente su pasado: pierde su brújula. La memoria cultural no es nostalgia, ni pertenece exclusivamente a las personas protagonistas, historiadoras y archivistas. Es el tejido vivo que conecta a las generaciones que vinieron antes con las contemporáneas y con las que aún están por llegar.
Toda persona artista deja tras de sí una manera de ver el mundo: una sensibilidad particular expresada a través del lenguaje, el ritual, la pintura, la música, la danza, el diseño o la escultura. Así se construye la memoria cultural colectiva. Este no es un aspecto ornamental de la vida nacional: es su fundamento. Descuidarla equivale a vaciar la identidad misma que nos otorga resiliencia, pensamiento crítico, apertura hacia quienes piensan distinto y capacidad de autodeterminación —cualidades especialmente urgentes en un momento en que la democracia y la esperanza en un futuro mejor se ven amenazadas.
La memoria cultural es frágil. No se preserva por sí sola. Exige un esfuerzo deliberado: instituciones comprometidas con su salvaguarda, educadores dispuestos a transmitirla con alegría, y una ciudadanía capaz de recibirla no como una carga del pasado, sino como una herencia de valor incalculable. Cuando esa cadena de transmisión se rompe —por negligencia, supresión política o la amnesia inquieta de la modernidad— se pierde algo esencial que ningún nivel de prosperidad económica o avance tecnológico puede reemplazar.
La pregunta, entonces, no es si la historia cultural importa. Siempre ha importado y siempre importará. La pregunta es si cada generación asumirá con seriedad su responsabilidad al custodiar el legado que la precedió, y lo que le debe, a su vez, a quienes vendrán después.
Por eso, la Fundación MAE asume el compromiso de coleccionar, organizar, proteger e investigar la rica historia de las artes escénicas de Costa Rica. Y antes de que concluya el año, el Museo de Artes Escénicas abrirá sus puertas para que podamos responder, por fin, a las preguntas que nos definen como pueblo: ¿Quiénes son los protagonistas de nuestra historia cultural escénica? ¿Qué crearon? ¿Cómo lo hicieron? ¿Qué podemos aprender de nuestro pasado para construir un mejor futuro? ¿Por qué, al fin de todo, debemos recordar nuestra historia cultural?
