Hace ya muchos años, Jeremy Rifkin escribió en su libro El fin del trabajo, que el avance tecnológico (especialmente la automatización, la informática y la robótica) reduciría la necesidad de trabajo humano en la economía. Y no se equivocó. Lo que vemos hoy en día es como el empleo humano se está reduciendo a consecuencia de un reemplazo laboral directo o indirecto asociado a la tecnología.
Lo estamos viendo en las empresas de zona franca en las que hay restructuraciones significativas de trabajadores que están siendo reemplazados por la IA. Y es cierto, también están contratando; pero si observamos la tasa neta entre las salidas y las entradas, vemos que el número es negativo.
El esperanzador argumento de la economía convencional sobre que el sistema creará nuevos empleos asociados a las crecientes necesidades de mercados cada vez más sofisticados, pasa a ser solamente eso, una esperanza. A comienzos del siglo XXI ese argumento era más creíble que hoy, debido a que en la actualidad la IA está haciendo cosas que nos maravillan a todos y que claramente, no podemos hacer, o al menos no a la velocidad a la que la IA lo hace. Ella no es perfecta, pero resuelve asuntos que nos evitan que lo hagamos nosotros, y lamentablemente, mucho no nos importa lo buena o regular que sea su respuesta (este es tema de otro artículo).
El argumento convencional de que se crearán nuevos empleos, parte que alguien -seguramente con mayor conocimiento técnico- tiene que programar a la IA para hacer las cosas. Sin embargo, cuando nos damos cuenta de que ella aprende sola y que eventualmente será menos necesaria la intervención humana, las cosas empiezan a ponerse preocupantes.
Y ello nos lleva a un problema más complejo que es consecuencia del cambio tecnológico y a la vez, de una característica central de la economía. Ilustremos con un ejemplo.
Digamos que hoy una maquina requiere de cinco personas para ponerla a trabajar. Y cada una de ellas gana un millón de colones. Con la automatización, se requerirá de una sola persona para manejar la nueva tecnología (una nueva máquina, más eficiente); y claro, esa persona tendrá un mayor conocimiento (y con ello, un mayor salario). Digamos que esa persona ganará el doble de las anteriores, es decir, dos millones. Aquí es donde la cosa se pone seria. Los 5 millones de colones de los cinco trabajadores se reemplazaron por dos millones de una sola persona.
Supongamos que todos tienen familias. Las cinco familias gastan en alimentación, ropa, transporte, educación, salud, entretenimiento, etc. La familia que gana los 2 millones no consumirá el equivalente de lo que consumen las cinco familias. Ahí el problema es de demanda. ¿Si cada una de las cinco familias tenía un auto, la familia de los 2 millones tendrá cinco autos? Difícilmente. La economía depende de la demanda, y si son menos los trabajadores que demandan, aunque la familia de los 2 millones consuma un poco más, no compensará la pérdida de los empleos que salieron de la economía. De ahí la importancia de la generación de empleos para el sostenimiento del sistema económico.
La automatización en muchos casos elimina del mercado a los empleos de menor calificación; los llamados empleos invisibles. Sin embargo, no son tan invisibles. Si recordamos la pandemia del 2020, ¿Qué hubiera pasado sin esos empleos? Los conductores de autobuses, ambulancias, repartidores a domicilio, cajeras de supermercados, recolectores de desechos, agricultores, las personas que instalaban el Internet, y muchos más. Debemos tener muy claro que la economía se mueve por la demanda, y ella la maneja la clase trabajadora. Una persona rica puede ganar 100 veces más que una persona de clase trabajadora, pero no va a comprar 100 pantalones, mientras que cada persona de clase trabajadora comprara uno (al menos). En ese sentido debemos tener claro quien mueve el consumo en los países, y consolidar su posición en el mercado para que ese consumo se siga dando.
Confiar demasiado en el cambio tecnológico puede pasarnos una factura muy cara. Por supuesto debemos fomentarlo y educar a las personas para alimentarlo, pero siendo conscientes de sus impactos en el corto plazo. La re-calificación de las personas, uno de los argumentos del cambio tecnológico que construirá nuevas demandas de empleo, no se da de la noche a la mañana.
