Le agradezco a una conversación de correo de mi universidad, el sacar la frase “el closet chavista”. La frase describe a cabalidad a un grupo de funcionarios públicos que se desempeñan en el TEC, el ICE, Recope, el MEP, la UNA, la UCR, Japdeva, etc., y que vieron en Rodrigo Chaves a una figura con la cual se identificaron, por algunas razones —quizá haya más— que expondré a continuación.
Lo interesante de este grupo de personas es que si bien, gozan de los horarios, las garantías, las vacaciones, el salario escolar, y todo lo que se ha ganado con tanto esfuerzo en el sector público, hablan pestes de la institución que les dio (en el pasado) o les da hoy de comer. Incluso, gracias a esas mismas instituciones que tanto menosprecian, tienen su propio título o la experiencia laboral y el prestigio con el que cuentan. El caso de Laura Fernández ejemplifica muy bien esto: ella alardea con el título de la UCR, pero no mueve un dedo para defender su liderazgo en la educación superior pública. No es la única: recordemos que Luis Guillermo Solís, también de la UCR, fue quien impuso la negociación anual del FEES que ha sido nefasta y tiene a las universidades postradas a los antojos de los ministros de turno.
En el sector docente universitario, muchos de estos profesores, no todos, por cierto, eran o son de dudosa actividad laboral, por no decir otra cosa, abrazan al chavismo porque eso concuerda con sus valores: andan viendo cómo ligar con estudiantes, cómo no dar clases, cómo faltar a sus deberes y cómo evadir los compromisos que les corresponden. Si pudieran hacer todo en línea, hasta tomar café, lo harían. Pareciera que la pandemia les vino como anillo al dedo porque todavía creen estar en ella.
Casos similares podemos encontrar en el ICE, Recope, la CCSS y otras instituciones, y es aquí es donde quiero introducir el concepto de sujeto reprimido, entendido de la forma más sencilla: la gente que piensa algo pero no lo dice: se reprime porque sabe que no es políticamente correcto o es éticamente reprochable lo que pueda mencionar.
No se trata solo de personas de “dudosa actividad laboral” sino que se identifican con la vulgaridad, la chabacanería, el acoso sexual, el lenguaje soez (pensando en que eso significa ser directo), el machismo, la misoginia, la homofobia, el racismo, etc. Claro, todo eso lo tienen “reprimido”, no lo dicen, lo ocultan, hacen chistes, pero en el fondo lo creen. Creen que tienen derecho a acosar colegas o estudiantes, creen que los gays deberían estar en campos de concentración, creen que las mujeres debemos estar cocinando en nuestras casas y sin estudiar, creen que la naturaleza debe dar paso al desarrollo, aunque esto sea un suicidio colectivo. Creen que los afros deben seguir siendo esclavos porque son por naturaleza “violadores y pervertidos”, y en Limón, siempre “narcos”.
Según esta gente, está bien tener hijos fuera del matrimonio, está bien torturar a migrantes, está bien echarle la culpa los demás sin aceptar la propia responsabilidad, está bien enfiestarse con Jeffry Epstein y está bien condenar a cadena perpetua a un niño de 12 años según la ley de Bukele. Está bien deberle 300 millones a la CCSS, está bien burlarse de alguien con discapacidad. Insisto: no lo dicen, pero lo creen. Este sujeto reprimido es tan numeroso que le dio el gane a una candidata mediocre, vaga y cobarde como lo fue Laura Fernández. Lo peor es que este sujeto reprimido tiene hijos: no sé si les enseñan “eso” en lo que creen, o lo ocultan y enseñan otra cosa, o si directamente les transmiten el odio y el veneno que llevan dentro. ¡Pobres criaturas!
Así las cosas, lo ideal es que estas personas se salgan del clóset o las saquemos de él. Me refiero a lanzarles un comentario, una frase, una pregunta incómoda…cualquier cosa que los desenmascare. No se logrará gran cosa, es decir, no habrá un cambio radical ni en instituciones ni en la estructura de la sociedad costarricense como tal. Pero será un ejercicio de coherencia, de confrontación sana, con esa gente que dentro de su incoherencia e ignorancia, ni siquiera sabe que perdió también con la continuidad. Porque el estado social de derecho puede tener fallos, claro, pero nos legó la Costa Rica de la que hoy gozamos, una Costa Rica en la que hasta “los reprimidos y agazapados” tienen lugar.
