La florea de mayo abre una nueva cosecha; este año, además, nos exige decisiones inmediatas para proteger la rentabilidad del productor y sostener la competitividad del café de Costa Rica.
Una buena florea marca el inicio y anticipa el potencial de la cosecha; para convertirla en resultado, el sector debe alinear manejo agronómico, financiamiento y condiciones de mercado.
En casi 200 años de caficultura, el sector ha sostenido bienestar para miles de familias gracias a productores resilientes y a una institucionalidad que ha construido pilares de calidad y sostenibilidad reconocidos internacionalmente.
Pero no hay flores sin rigores: esta florea puede marcar un punto de inflexión y debemos reaccionar con rapidez y coordinación para no quedar contra las cuerdas.
El entorno combina presiones simultáneas sobre costo y precio: una cosecha alta en Brasil tensiona los mercados; la geopolítica encarece insumos y complica la logística; el tipo de cambio reduce el ingreso en colones; y la variabilidad climática aumenta el riesgo sanitario y productivo. A esto se suma una restricción estructural de mano de obra que eleva costos y limita operaciones clave.
En este contexto, la vulnerabilidad del sector es real: en menos de ocho años, el número de productores pasó de 29.000 a 23.000. La pregunta ya no es si habrá presión, sino cómo nos blindamos para sostener a los productores, preservar el tejido productivo y competir con precios que, para muchos, apenas cubren costos.
Vemos varios caminos:
Productividad con foco: priorizar manejo selectivo por lote (renovación, poda, nutrición y control sanitario) y, donde aplique, complementar ingresos con cultivos alternativos para estabilizar caja sin abandonar el cafetal.
Más valor por kilogramo: pasar de exportar mayoritariamente café oro a una estrategia país de industrialización (tostado, bebidas listas y subproductos), usando instrumentos como zonas francas fuera de la GAM y encadenamientos con pymes para escalar.
La llegada de un nuevo Ministro del MAG con experiencia en agronegocios abre una ventana para ordenar una agenda común. Necesitamos coordinación efectiva y acuerdos operativos con actores clave —incluida la banca pública y privada— para soluciones financieras alineadas al ciclo del café y a la realidad de flujo de caja del productor.
La resiliencia del sector es parte de su identidad y merece reconocimiento: el valor está en la gente. El negocio se sostiene con disciplina diaria —hacer lo necesario aun en momentos duros— y con seguimiento constante; los resultados no llegan por intención, sino por ejecución.
A las nuevas autoridades: ajusten, pero no asfixien. En dos años, el tipo de cambio ha recortado la rentabilidad del sector en torno a un 35%; la adaptación requiere tiempo y corresponsabilidad. Construir un modelo más próspero para nuestro grano de oro debe asumirse como un esfuerzo nacional.
Hagamos de esta florea de mayo una oportunidad de cambio: (1) acordemos una hoja de ruta sectorial de productividad y renovación; (2) activemos instrumentos financieros y de gestión de riesgo alineados al ciclo del café; y (3) lancemos una agenda de valor agregado y de competitividad para capturar más ingreso en origen que sea tecnológicamente atractiva y realista para que las futuras generaciones sigan en el campo de manera rentable. Si actuamos juntos y a tiempo, la florea se convierte en cosecha y la cosecha en futuro.
