
La organización señala que la inocuidad alimentaria ya no es únicamente un requisito técnico, sino una responsabilidad directa con la salud, la confianza y el bienestar de los consumidores.
Antes de que un producto cárnico llegue al refrigerador de un hogar costarricense, existe una cadena de decisiones, controles y protocolos que pueden marcar la diferencia entre un alimento seguro y un riesgo para la salud pública.
Hoy en día, los consumidores revisan etiquetas, preguntan por el origen de los productos y son cada vez más exigentes sobre lo que consumen. Por esto, la inocuidad alimentaria se ha convertido en un tema central para la industria de alimentos.
Para Granja Roblealto, la inocuidad no se limita al cumplimiento normativo: es una responsabilidad directa con las familias que depositan su confianza en cada compra.
“Cada alimento que llega a la mesa debe ser seguro para el consumo, libre de contaminantes físicos, químicos y biológicos que puedan poner en riesgo la salud pública. Para nosotros, esto no es solo un requisito técnico; también es una responsabilidad ética y social”, explicó la Dra. Kelly Calderón, gerente de Calidad y Sanidad de Granja Roblealto.
Garantizar esa seguridad implica actuar sobre toda la cadena productiva, desde la materia prima hasta el almacenamiento, transporte y distribución del producto final.
Entre las prácticas implementadas por la empresa destacan controles sanitarios ejecutados por las distintas áreas de producción avícola: programas para asegurar materia prima libre de antibióticos y sustancias nocivas, ausencia de hormonas añadidas, vigilancia del bienestar animal y sistemas de monitoreo que preservan la cadena de frío.
A esto se suman herramientas técnicas como las Buenas Prácticas de Manufactura (BPM), procedimientos estandarizados de saneamiento, sistemas de trazabilidad para rastrear ingredientes y productos durante toda la cadena de suministro, así como controles orientados a prevenir adulteraciones intencionales dentro del proceso alimentario.
Más allá del ámbito industrial, Granja Roblealto advierte que la seguridad alimentaria también se construye desde los hogares. La correcta manipulación, almacenamiento y preparación de alimentos influye directamente en la prevención de enfermedades transmitidas por alimentos y en la protección de la salud familiar.
“Lavarse correctamente las manos, evitar la contaminación cruzada, mantener la refrigeración adecuada, cocinar completamente los alimentos y verificar las condiciones del empaque son acciones sencillas que pueden reducir significativamente riesgos sanitarios dentro del hogar”, agregó Calderón.
No obstante, asegurar alimentos inocuos enfrenta desafíos crecientes. La industria debe responder a regulaciones cada vez más estrictas, consumidores más informados, exigencias sobre calidad y vida útil de los productos, riesgos de contaminación microbiológica, química o física, y fenómenos externos como el cambio climático, la logística de transporte y la globalización de mercados.
Producir alimentos seguros ya no depende únicamente de controles internos, sino de construir confianza sostenida con consumidores que quieren saber, con mayor claridad, cómo se produce aquello que alimenta a sus familias.

