El deseo erótico genera una infinidad de sentimientos y sensaciones encontradas. El deseo es el causante de motivación, alegría, furia, fuerza, miedo, seguridad, inseguridad, amor, resentimiento, tristeza, euforia, ansiedad, dudas y certezas. El deseo se parece, pero no es, ese sentimiento del amor que narraba Lope de Vega. El deseo es más engañoso y traicionero; ahora bien, el deseo con amor es insuperable. Por deseo a veces se daña y por deseo a veces se sufre; también causa bienestar, satisfacción y buen cine.
In the Mood for Love (MUBI o simplemente preguntándole a Google dónde ver la película completa)
Esta película hongkonesa es, de lejos, mi película favorita sobre el amor y el desamor. Nos cuenta la historia de dos personas que se desean intensamente y que, muy lentamente se van acercando entre sí, usualmente mediante silencios, lo no dicho y lo no hecho. La cercanía física entre ellos amplía la brecha de lo que no se puede consumar.
In the Mood for Love es la relación que cualquier psicólogo desaconsejaría y, sin embargo, como en Past Lives, es una historia de amor, de deseo no satisfecho y de la ilusión del amor que podría ser; una experiencia jodida pero que todas y todos deberíamos vivir al menos una vez.
Esta película de Wong Kar-Wai es la obra cumbre del amor romántico y una cinta de visionado obligatorio para toda persona que disfrute del buen cine.
La película ganó importantes reconocimientos internacionales, entre ellos el premio a Mejor Actor para Tony Leung Chiu-wai en el Festival de Cannes, además de premios César y múltiples galardones de la crítica internacional. También es considerada una de las mejores películas del siglo XXI por numerosos rankings especializados.
Alguna vez me decían que no todo deseo está hecho para ser satisfecho. Supongo que la vida demuestra que es así. A veces el deseo es unidireccional y, evidentemente, en esos casos solo en la fantasía se puede materializar. En otras ocasiones, el deseo enfrenta barreras insalvables, puntos de vista irreconciliables, accidentes geográficos, heridas imposibles de sanar o decisiones y compromisos que, por sostenerlos, nos frenan, a veces nos amarran.
El problema del deseo no cumplido es que usualmente puede permanecer vivo por años, pues la vida nunca llega a marchitarlo. También existe el amor —no el deseo— que se vive por unas cuantas horas o días con tal intensidad que nos acompaña durante años y décadas posteriores. Y usualmente es ese deseo el que, con el paso del tiempo, nos genera preguntas sobre las avenidas no tomadas, sobre las vidas no vividas.
De eso nos habla la siguiente película.
Los puentes de Madison (HBO)
Esta película nos muestra el encuentro entre dos personas que se da por azar, como por azar se dan los mejores encuentros de la vida. Meryl Streep desarrolla el papel de una mujer casada, ama de casa, en una zona rural estadounidense, y Clint Eastwood el de un fotógrafo de National Geographic que visita el condado de Madison para tomar fotografías de puentes.
Ellos se conocen y desarrollan un vínculo intenso, pasional, lleno de deseo, que se confunde con amor. Y ese encuentro abre la pregunta sobre si modificar la vida que llevaban hasta entonces para tomar un camino totalmente distinto, o dejar ese encuentro como un capítulo corto en sus vidas y que cada uno continúe con la historia que hasta ese momento tenía.
Acá vemos un relato en donde los personajes se debaten entre el deseo y el deber ser. Abre la pregunta de si el deber ser debería ser entregarse al deseo o si, por el contrario, el deber ser es cumplir con lo que se supone deberían hacer, según las buenas conciencias.
Esta es, sin duda, mi segunda película favorita sobre el deseo, solo después de In the Mood for Love. Ustedes se van a hacer un enorme favor si la disfrutan este fin de semana. Nota: el trailer es nefasto, que no los espante, la película es una jota.
Eso fue todo por hoy. Espero que, si es para bien, su deseo sea satisfecho.
