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DeCine: Mejores películas poéticas

Hoy se supone que debería recomendar las mejores películas presidenciales; sin embargo, dos eventos me lo impidieron: vi Un Poeta, película que me dejó enmudecido, y esta mañana, mientras caminaba, vi un cactus enorme, de espinas violentas, totalmente floreado, y pensé: los oxímoros fueron inventados por la naturaleza. Así las cosas, hoy vamos a hablar de la poesía en el cine.

Un Poeta (HBO)

Esta película colombiana (solo superada por El abrazo de la serpiente) es una obra de arte: enternecedora, humana, demoledora. Nos cuenta unos pocos días de la vida de un hombre entrado en sus cincuentas, con un problema serio de alcoholismo. Pero lo principal de él es que es un poeta e intenta, sin lograrlo, ser un  buen hombre, en la reducida, muy reducida, medida de sus capacidades.

Nuestro protagonista, Óscar Restrepo, parece que en su juventud por un momento tuvo potencial para desarrollarse en el mundo de la poesía, pero aquello no terminó por suceder. La película nos lo muestra en un periodo corto de su vida, intentando ser querido y dañándose, y dañando a quienes lo rodean en el intento. Es un relato sobre la condición humana, lo mejor (junto con Sirat) que he visto este año. Por favor, véanla, pero antes de hacerlo, tomen en cuenta que para mí es un drama y uno triste y pesado. El tráiler dice que es una comedia negra, cosa que no es.

Para efectos de estas letras voy a usar la sexta acepción de la RAE. Dicen estos señores que la poesía es: “Idealidad, lirismo, cualidad que suscita un sentimiento hondo de belleza, manifiesta o no por medio del lenguaje”. Esa belleza con frecuencia se encuentra en cualquier esquina, en un muro, en un rótulo. Hace algunos meses, caminando por un pueblo colombiano, Sopó, vi un dibujo que tenía un nido con un pajarito y, llamémosle, un haiku andino: “La fragilidad también sostiene”. La siguiente película habla de la poesía, de la fragilidad humana y su grandeza.

Los adioses (Netflix)

Acá estamos frente a un buen biopic de la escritora Rosario Castellanos. La peli muestra cómo las personas brillantes también se equivocan, aman mal, dudan, se cansan y a veces pierden batallas íntimas aunque ganen las públicas.

Aquí vemos a Castellanos joven entrando a espacios donde abundaban los señoros (auto sic). La poeta, cuentista y novelista, inteligente, mordida y bastante más competente que muchos alrededor, debe abrirse campo en universidades y círculos literarios. Espero que la vean y la disfruten.

En esta columna, desde ya hace bastante, me acostumbré a dejarles tres recomendaciones. Hoy solo les dejo las dos anteriores, pero me despido compartiéndoles un poema de Castellanos que nos habla de esos golpes en la vida, menores que la resaca de todo lo sufrido, pero a los no se les debe tratar de restar importancia. Eso fue todo por hoy. Feliz fin de semana.

Rosario Castellanos

Valium 10

A veces (y no trates
de restarle importancia
diciendo que no ocurre con frecuencia
se te quiebra la vara con que mides
se te extravía la brújula
y ya no entiendes nada

El día se convierte en una sucesión
de hechos incoherentes, de funciones
que vas desempeñando por inercia y por hábito.

Y lo vives. Y dictas el oficio
a quienes corresponde. Y das la clase
lo mismo a los alumnos inscritos que al oyente.
Y en la noche redactas el texto que la imprenta
devorará mañana.
Y vigilas (oh, sólo por encima)
la marcha de la casa, la perfecta
coordinación de múltiples programas
—porque el hijo mayor ya viste de etiqueta
para ir de chambelán a un baile de quince años
y el menor quiere ser futbolista y el de en medio
tiene un póster del Che junto a su tocadiscos—.

Y repasas las cuentas del gasto y reflexionas,
junto a la cocinera, sobre el costo
de la vida y el ars magna combinatoria
del que surge el menú posible y cotidiano.

Y aún tienes voluntad para desmaquillarte
y ponerte la crema nutritiva y aún leer
algunas líneas antes de consumir la lámpara.

Y ya en la oscuridad, en el umbral del sueño,
echas de menos lo que se ha perdido:
el diamante de más precio, la carta
de marear, el libro
con cien preguntas básicas (y sus correspondientes respuestas) para un diálogo
elemental siquiera con la Esfinge.

Y tienes la penosa sensación
de que en el crucigrama se deslizó una errata
Que lo hace irresoluble.

Y deletreas el nombre del Caos. Y no puedes
dormir si no destapas
el frasco de pastillas y si no tragas una
en la que se condensa,
químicamente pura, la ordenación del mundo.