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Comunicar bien también es transformar: el reto de las bibliotecas en Costa Rica

Vivimos en una época donde todos comunican algo constantemente. Redes sociales, noticias, videos, anuncios y mensajes aparecen cada minuto frente a nosotros. Sin embargo, aunque existe mucha información, pocas veces conectamos con lo que se quiere decir. Muchas personas escuchan, leen o ven contenido todos los días, pero casi nadie logra generar una acción o un cambio real. Ahí es donde las bibliotecas enfrentan uno de sus mayores desafíos: aprender a comunicar de manera efectiva.

Durante mucho tiempo, las bibliotecas en Costa Rica han sido vistas únicamente como lugares para estudiar o pedir libros prestados. Esa idea ha provocado que muchas personas no conozcan todo lo que realmente ofrecen estos espacios. Actualmente, las bibliotecas desarrollan talleres culturales, capacitaciones tecnológicas, actividades de inclusión social, apoyo académico y programas comunitarios. El problema no siempre es la falta de proyectos, sino que muchas veces las personas simplemente no se enteran o no sienten conexión con ellos.

Hoy comunicar ya no significa solamente informar. Comunicar implica generar interés, emocionar, convencer y lograr que las personas participen. En otras palabras, no se trata de decir más, sino de saber decirlo. Una biblioteca puede tener excelentes actividades, pero si su comunicación es confusa, aburrida o poco cercana, probablemente la comunidad no se involucrará.

Algo que me parece muy importante es que las bibliotecas deben aprender a pensar más en las personas y menos únicamente en los servicios. Antes de realizar cualquier proyecto o actividad, es necesario preguntarse: ¿a quién queremos llegar?, ¿qué necesita esa persona?, ¿por qué debería importarle? Muchas veces las instituciones utilizan mensajes demasiado formales o técnicos que terminan alejando a las personas en lugar de acercarlas.

Asimismo, las historias tienen mucho más impacto que los datos aislados. Las personas recuerdan emociones, experiencias y situaciones reales. Por ejemplo, no genera el mismo efecto decir que “la biblioteca ofrece alfabetización digital”, que contar la historia de un adulto mayor que logró aprender a utilizar herramientas digitales gracias a un taller comunitario. Ese tipo de comunicación conecta emocionalmente y hace que las personas entiendan el verdadero valor social de las bibliotecas.

Otro aspecto es que todo comunica: los afiches, los colores, las redes sociales, los espacios físicos e incluso la manera en que se atiende a las personas usuarias. En la actualidad, las nuevas generaciones consumen información de forma rápida y visual, por lo que las bibliotecas también deben modernizar la manera en que presentan sus contenidos. Una comunicación innovadora puede hacer que una actividad sencilla tenga mucho mayor alcance dentro de la comunidad.

Desde mi perspectiva, las bibliotecas costarricenses necesitan fortalecer la comunicación como una herramienta estratégica y no únicamente administrativa. Comunicar bien puede aumentar la participación de la comunidad, fortaleciendo proyectos culturales y acercar a usuarios que normalmente no utilizan estos espacios. Incluso, una buena comunicación puede ayudar a que las personas vuelvan a ver las bibliotecas como lugares vivos, dinámicos y necesarios para la sociedad actual.

Las bibliotecas no solo tienen el reto de brindar información, sino también de aprender a conectar con las personas. En una sociedad saturada de mensajes, comunicar de forma clara, cercana y creativa puede marcar la diferencia entre un proyecto ignorado y uno que realmente transforme comunidades. Las bibliotecas siguen siendo espacios para el desarrollo social y educativo de Costa Rica, pero para mantenerse vigentes necesitan aprender que comunicar también es una forma de generar cambio.