
Costa Rica y Panamá comparten una relación cercana y complementaria. Nos unen la geografía, la historia, los flujos empresariales y una frontera que debería ser ejemplo de integración productiva. Precisamente por eso, el diferendo que limita el acceso de productos costarricenses al mercado panameño no puede verse como un episodio menor. Es un asunto de confianza, seguridad jurídica y respeto a las reglas.
Desde la Cámara de Comercio Exterior de Costa Rica (Crecex) respaldamos las acciones impulsadas por el Ministerio de Comercio Exterior (Comex) para defender los derechos del país y de sus sectores productivos ante las restricciones aplicadas por Panamá. Este respaldo no nace de una visión confrontativa ni de un ánimo de deteriorar la relación bilateral. Todo lo contrario: parte de la convicción de que, entre países vecinos y socios comerciales, la buena fe debe expresarse en respuestas oportunas, transparencia y cumplimiento.
Costa Rica acudió a las vías institucionales, agotó los canales técnicos y llevó el caso ante la Organización Mundial del Comercio. El fallo fue favorable al país y confirmó que las restricciones impuestas a productos agropecuarios costarricenses carecían de suficiente sustento jurídico y científico. A pesar de ello, el mercado continúa limitado, y la apelación presentada por Panamá ante un Órgano de Apelación inoperante mantiene el caso en un limbo que prolonga la afectación a empresas, productores y empleos.
Este no es un debate abstracto. Detrás de cada permiso que no se renueva, de cada planta sin habilitación y de cada producto que no puede cruzar la frontera, hay inversiones, contratos, trabajadores, proveedores, fincas e industrias. También hay un mensaje preocupante: si un país puede dilatar indefinidamente el cumplimiento de una resolución multilateral, el sistema pierde credibilidad y las empresas pierden confianza en las reglas bajo las cuales invierten y exportan.
Costa Rica debe actuar con firmeza y seriedad institucional. La defensa del comercio no se hace mediante improvisaciones ni represalias al margen del derecho. Se hace con estrategia, evidencia técnica, instrumentos multilaterales y una diplomacia económica que combine diálogo, presión legítima y claridad sobre las consecuencias de incumplir. En ese sentido, la posición de Comex ha sido correcta: mantener abierta la puerta a una solución negociada, sin renunciar a la defensa activa del interés nacional.
Como cámara de comercio exterior, creemos en mercados abiertos, reglas previsibles y competencia leal. Las medidas sanitarias y fitosanitarias son indispensables para proteger la salud, la inocuidad y la vida; pero no pueden convertirse en instrumentos encubiertos de protección comercial. Cuando las barreras técnicas se apartan de la ciencia, la proporcionalidad y los compromisos internacionales, dejan de proteger al consumidor y comienzan a distorsionar el comercio.
Panamá es y debe seguir siendo un socio estratégico para Costa Rica. Por eso mismo, la solución no debería construirse desde el silencio ni desde la dilación, sino desde una conversación seria, transparente y verificable. La relación bilateral merece una ruta de cumplimiento, normalización y reconstrucción de la confianza.
El comercio regional enfrenta suficientes desafíos. No necesitamos sumar barreras injustificadas entre vecinos. Lo que corresponde ahora es que Panamá responda, se reactive el diálogo con plazos ciertos y se restablezca el acceso efectivo de los productos costarricenses al mercado panameño.
Escrito por Rodney Salazar, presidente Cámara de Comercio Exterior (Crecex)
