Cuando era niña recuerdo ser muy tímida, aun así me encantaba divertirme. Me gustaba jugar, imaginar mundos, correr y pintar.
Recuerdo también en las tierras de mis abuelas, pasar por las canchas extensas —en realidad eran potreros— y tener unas tremendas ganas de salir a correr por encima del pasto verde.
Tengo la memoria de escuchar en el barrio, los juegos de fútbol de mis vecinos. Ellos en la calle y yo del otro lado del portón.
El fútbol nunca fue un espacio para mí, al menos así crecí pensando. En el colegio tampoco lo intenté mucho, no al menos con muchas personas presentes, pero recuerdo la emoción de correr y que el viento tocara mi piel.
Hace unos años una amiga que venía desde los aires buenos, se moría de ganas por jugar fútbol en la nueva ciudad que enfrentaba. Yo fui muy clara: “no sé nada de fútbol, pero sé que soy una buena amiga”. Así me apunté a la primera de muchas mejengas donde el disfrute y el cuidado eran lo primero en la cancha.
Desde ese nuevo lugar, soñé que el fútbol podía ser otra cosa.
Y así, conocí Fundación GOLEES.
Soñar es la posibilidad de crear nuevos mundos y esta organización soñadora ha logrado construir una realidad paralela donde todas somos compañeras jugando por la libertad.
Yo recuerdo muchas cosas de mi niñez, pero a veces se nos olvida que correr en una cancha tras un balón es una victoria de muchas otras que nos antecedieron y lucharon por ello.
El fútbol nunca fue un espacio nuestro, pero hoy, lo retomamos y lo estamos construyendo de nuevo. Feminista, amable, divertido y político. GOLEES.
Sigo sin poder hacer más de dos series, mis compañeras son testigas de ello, aun así, todas luchamos como si fuéramos las mejores en la cancha.
Para que ninguna de nosotras siga creciendo sin la posibilidad de reír con sus amigas, sentir el viento en la piel y abrazarse las unas a las otras como equipo que le hace frente a las desigualdades y la violencia.
Para que ninguna de nosotras vuelva a creer que hay lugares donde no pertenece.
Ni en la cancha, ni en el mundo.
Y que correr, jugar y ocupar la cancha nunca más sea un privilegio, sino un sueño compartido.
Por mí, por ti, por todas…
