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Violencia social crece y se traslada a las aulas, según Observatorio de Educación de la UAM

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Especialistas hacen llamado urgente a la prevención y al acompañamiento integral de la población estudiantil.

El Observatorio de la Educación de la Universidad Americana (UAM) menciona que el contexto social que enfrentan niños, niñas y adolescentes en Costa Rica muestra señales claras de presión que también impactan directamente al sistema educativo. En los últimos años, los homicidios con armas de fuego han aumentado de forma sostenida, pasando de 405 casos en 2020 a 684 en 2024, según datos del Ministerio de Justicia.

 Esta tendencia se da en un escenario donde, aunque la pobreza ha mostrado leves reducciones, aún afecta a una proporción significativa de los hogares, especialmente en contextos de mayor vulnerabilidad, entorno que incide directamente en la población estudiantil.

Datos del INEC, indican que el 95% de las personas entre los 5 y 18 años se mantiene dentro del sistema educativo, lo que convierte a escuelas y colegios en el principal espacio de convivencia del país, y estos espacios no están aislados de la realidad nacional. Según el Ministerio de Educación Pública entre 2022 y 2025 se registraron cerca de 2.938 reportes relacionados con bullying y otras formas de violencia en centros educativos, reflejando una problemática persistente. 

Además, el sistema educativo recibe en promedio 7 denuncias diarias por situaciones de acoso y violencia entre estudiantes, lo que confirma la frecuencia con la que estos hechos ocurren en las aulas. Las cifras también muestran una tendencia al alza en los últimos años, por ejemplo, los casos de bullying pasaron de 197 en 2019 a 388 en 2023, mientras que la violencia entre estudiantes aumentó significativamente en ese mismo periodo, evidenciando un crecimiento sostenido de estas conductas. 

A nivel más amplio, el fenómeno tiene un alcance estructural: cerca del 44% de los estudiantes en el país afirma haber sido víctima de acoso escolar en algún momento de su vida, lo que refleja la magnitud del problema en el entorno educativo. 

Estas manifestaciones van desde conflictos cotidianos, agresiones físicas y psicológicas y situaciones de bullying, hasta hechos extremos de violencia. El caso ocurrido en Liberia, donde un estudiante falleció tras ser atacado por un compañero, evidencia cómo estos conflictos pueden escalar en un contexto social más amplio.

Para Fernanda Segura, coordinadora del Observatorio de la Educación de la UAM, el sistema educativo sigue siendo un punto clave para enfrentar esta realidad.

Las instituciones educativas son el principal espacio de encuentro nacional, por lo que cualquier manifestación de violencia en este entorno tiene un impacto directo en el tejido social del país”.

Segura enfatiza que el abordaje debe centrarse en la detección temprana de conductas de riesgo y en el acompañamiento oportuno del estudiantado. Esto implica fortalecer la articulación entre docentes, equipos de orientación, familias y comunidades, con el fin de generar respuestas sostenibles.

El MEP sugiere acatar una serie de protocolos para hacer frente a los riesgos de: bullying o matonismo, uso de armas, hallazgo, tenencia, consumo y tráfico de drogas, violencia física, psicológica, sexual, acoso y hostigamiento sexual, lesiones auto-infligidas o tentativa de suicidio, atención al embarazo o maternidad en personas menores de edad, discriminación racial y xenofobia, atención a personas sobrevivientes o víctimas de trata y sus dependientes.

“Cuando amplios sectores de la población joven enfrentan desigualdad, falta de oportunidades y debilitamiento institucional, aumenta el riesgo de que queden atrapados en entornos donde la violencia se normaliza como forma de pertenencia o supervivencia. Por esta razón, es necesario un abordaje integral que sigan las sugerencias señaladas por las políticas públicas”, aseguró la especialista.

Costa Rica enfrenta el desafío de responder a una realidad que trasciende las aulas, pero que encuentra en el sistema educativo una de sus principales oportunidades de prevención.

“El fenómeno de la violencia nace en el entorno social y familiar y hoy se manifiesta con fuerza en las aulas. Frente a este escenario, la respuesta no puede esperar: prevenir la violencia implica actuar desde el hogar, la comunidad y las instituciones, antes de que sus consecuencias continúen escalando y tengamos que seguir lamentando sus consecuencias”, concluyó.