
Hay algo profundamente revelador en ver a un país sonreír unido —aunque sea por unos días— y detenerse para encontrarse consigo mismo. No en medio de discursos ni de coyunturas, sino en la sencillez de compartir: una canción, una obra, una risa. En la posibilidad de coincidir, sin distinciones, en un mismo espacio.
Eso fue lo que vivimos, en las últimas semanas, durante el Festival Internacional de las Artes (FIA).
Tuve el privilegio de acompañar tanto su inauguración como su cierre, y lo que ahí ocurrió difícilmente puede explicarse solo desde los números, aunque estos, sin duda, hablan de una escala notable. Se explica, sobre todo, desde lo humano: en la alegría de los niños, en las familias reunidas sobre el césped de La Sabana, en jóvenes cantando a todo pulmón, en personas adultas mayores disfrutando, recordando o descubriendo.
Era evidente: ahí había alegría, juventud, familias. Había un país latiendo en conjunto.
El FIA celebró 37 años consolidándose como el evento cultural público más grande de Costa Rica. En esta edición, cerca de 200.000 personas participaron a lo largo de diez días de programación, en un encuentro que reunió a 968 artistas —principalmente nacionales—, distribuidos en más de 100 espectáculos en distintas sedes de la ciudad.
Sin embargo, el verdadero valor del festival no está únicamente en su magnitud, sino en su esencia: ser un espacio público, abierto y accesible. Que el 95% de su programación sea gratuita o de costo simbólico no es un detalle operativo; es una definición de país. Es reconocer que la cultura debe estar al alcance de todas las personas.
Y es precisamente ahí donde, como Banco Popular y de Desarrollo Comunal, encontramos el sentido más profundo de nuestra presencia. Porque no se trata únicamente de acompañar un evento. Se trata de estar donde corresponde: del lado de la gente. De respaldar espacios donde una familia puede disfrutar sin barreras, donde un niño puede descubrir el arte por primera vez, donde un joven encuentra inspiración y donde la comunidad se reencuentra.
En un contexto donde muchas propuestas de entretenimiento se alejan cada vez más de las posibilidades reales de las personas, estos espacios adquieren un valor aún más significativo. Son espacios que no excluyen, que no segmentan, que no condicionan. Son espacios que incluyen. Y que construyen bienestar.
El FIA también abre oportunidades concretas para el desarrollo. Más de 100 emprendimientos culturales y productivos —muchos de ellos vinculados a nuestra Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras— encontraron en este espacio una vitrina para mostrar su talento, conectar con el público y dar a conocer el fruto de su trabajo.
Además, la generación de más de 1.300 empleos directos e indirectos confirma que la cultura no solo transforma desde lo simbólico, sino también desde lo económico y lo social. Porque el bienestar no se limita a lo financiero. El bienestar también se vive, se siente y se comparte.
La alianza con el Ministerio de Cultura y Juventud demuestra que cuando las instituciones articulan esfuerzos, el espacio público se convierte en un verdadero lugar de encuentro, convivencia e identidad.
Cuando el arte toma la ciudad, el país late distinto. Y nosotros queremos estar ahí. Queremos ser parte de esos espacios donde hay risas, música y encuentro. Donde las personas, por un momento, se sienten parte de algo más grande. Ese es nuestro propósito.
Ver a miles de personas reunidas, disfrutando, cantando, riendo y compartiendo es, para nosotros, la mayor recompensa. Y también la forma más auténtica de honrar lo que somos: un Banco Popular.
Escrito por: Jessica Borbón Garita, directora de Relaciones Corporativas
Banco Popular y de Desarrollo Comunal
