Escribo en la víspera de la tercera amenaza de Trump de aniquilar a la República Islámica de Irán, a casi cuarenta días de esta guerra injusta. Su desdén por el derecho internacional, por las reglas que gobiernan la vida entre las naciones, su ignorancia de la complejidad y especificidad de los países, y su abuso de poder empujan las relaciones internacionales a un umbral de degradación inédito. La invocación de Jesús por parte de Hegseth y la certeza de que Dios acompaña al ejército estadounidense completan el cuadro. Estamos frente a una cruzada como política exterior.
Trump habla como un hombre persuadido de que el mundo entero puede ser reducido a su voluntad, como si bombardear infraestructura civil, amenazar con arrasar puentes y plantas eléctricas, o insinuar la aniquilación de un país entero fueran instrumentos legítimos de política exterior. Nada de eso pertenece al lenguaje legítimo de la política exterior. Mucho de eso forma parte del repertorio de los crímenes de guerra. Habla, en suma, como un sátrapa.
Sátrapa nombra el comportamiento déspota: arbitrariedad, abuso, ostentación, culto a la personalidad y una inclinación constante y sostenida a concentrar poder, despreciar límites y convertir la institucionalidad en ornamento. Pasamos, en los medios, de Gaza a Líbano y de ahí a Irán, en una perpetua telerrealidad en la que todos los días cambia el teatro, pero él permanece siempre en el centro de la obra.
Amparado en la impunidad histórica de Israel y fiel a su oportunismo de siempre, Trump ha sostenido desde el principio de su mandato políticas erráticas, inhumanas, que atentan contra civiles dentro y fuera de sus fronteras. Lo suyo es el desprecio constante por todo lo que no entiende, no reconoce o no le interesa. Al tratar a Irán y a su pueblo como salvajes, Trump no tiene ni la menor sospecha de que el mundo persa le dio a Occidente la idea de que la dignidad es un derecho y no una concesión. Ahí está el Cilindro de Ciro, del siglo VI a. C., considerado por muchos historiadores el primer documento de derechos humanos. Trump amenaza hoy con borrar del mapa a la nación que lo produjo.
Nosotros, Costa Rica, cofundadores de la Carta de las Naciones Unidas, potencia moral durante décadas, somos hoy administrados por un gobierno incapaz de emitir ni un gemido de condena. El silencio también es una política exterior.
Así funciona la historia: del antiguo Imperio persa viene la palabra exacta para Trump. Sátrapa. Los persas los conocían bien.
