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Seguiremos acá

Una vez más el plenario legislativo fue testigo de cómo la violencia política nos llega siempre al cuerpo a las mujeres. Un legislador, una vez más, emitió un comentario cargado de misoginia hacia una diputada, con un único fin: deslegitimar y violentar.

Y lo más preocupante no es que haya pasado. Es que ya casi no nos sorprende, es más lo vemos normal porque es recurrente.

Lo que ocurrió en nuestro plenario no es una excepción, es parte de un patrón a nivel mundial que busca violentar nuestros derechos de participación política, algo que en lugar de volverse una excepción se ha vuelto la normalidad.

Ya lo decía el CICOM en el 2022 cuando expuso que entre más participan las mujeres en política, más crecen las manifestaciones violentas hacia ellas, en este caso era un estudio basado en redes sociales, pero es claro que esto se traduce también en las dinámicas del día a día en cualquier espacio, desde oficinas y universidades hasta el Plenario Legislativo.

Y ahora esto lo vemos respaldado en el Informe del 2025 sobre Discursos de Odio y Discriminación 2025 de ONU Costa Rica, donde hay dos datos que deben encender todas nuestras alarmas: El primero que 7 de cada 10 mensajes de odio y discriminación son emitidos por hombres y el segundo que la violencia hacia las mujeres en espacios de participación no ha dejado de crecer.

Pero es que esto no es solo un fenómeno de nuestro país, podemos verlo por ejemplo con la violencia política que ha vivido Irene Montero en España o Claudia Sheinbaum en México. Hace poco leí en ONU Mujeres que el 82% de las mujeres parlamentarias  han sufrido algún tipo de violencia durante su mandato, y que en el 65% de los casos, esa violencia venía de sus colegas, de los hombres parlamentarios. Comentarios sexistas, amenazas, acoso. Exactamente lo que vimos el jueves y lo que hemos visto los últimos cuatro años.

Hace unos meses escribí que no basta con que estemos, también tenemos que liderar, pero hoy me hago otra pregunta: ¿cómo podemos estar si cada vez los espacios son más violentos para nosotras?

Porque entrar en política no es solo una decisión profesional, es una evaluación de riesgo personal. Es pensar en las amenazas que pueden llegar. En cómo pueden violentar a nuestras familias, amistades o afectar nuestro trabajo o negocio, ahora también es pensar en cómo usarían la Inteligencia Artificial en nuestra contra, sin tener recursos verdaderos para defendernos de esto.  Es saber que, en cualquier momento, el ataque va a venir al cuerpo, porque más allá de eso no pueden debatir.

Y también esto debe volverse un llamado a los hombres, necesitamos que cuestionen el sistema. Que cuestionen los chistes machistas en sus círculos, que cuestionen las acciones de los hombres que admiran, que cuestionen el contenido que consumen en redes sociales, porque la violencia patriarcal y este sistema  en el que estamos viviendo no solo nos afecta a nosotras, sino también a ustedes.

Y es que si no empezamos a cuestionar y actuar colectivamente, el resultado de todo esto que vemos crecer no solo será una ola de masculinidad tóxica transformándose en fascismo y violencia golpeando a nuestro país como ya está pasando en muchos países de nuestra región.  Es también aceptar que la realidad será que no viviremos el pleno goce de nuestros derechos, ni hoy, ni en el 2030 ni en 130 años.

La mayoría de mujeres, podemos recordar a esas mamás, abuelas o tías que nos dijeron: primero estudie, saque una carrera, tenga su plata. No era un consejo cualquiera, era una advertencia, una transmisión generacional que nos decía: “Busque su autonomía”.

Porque socialmente siempre ha existido un miedo a que las mujeres tengamos autonomía. Porque tener una autonomía significa romper paradigmas, roles y estereotipos, es lo que nos lleva a pensar fuera del canon patriarcal y lo que nos da fuerzas para seguir alzando la voz y luchar para que cada vez podamos tener una representación política progresista que defienda esa autonomía.

Lo que pasó en el plenario no podemos verlo como algo aislado, tiene que ser algo que nos indigne porque es parte de un sistema que busca, deliberadamente, que las mujeres no estemos presentes en el ámbito público.

Lo que pasó en el plenario no fue normal. No podemos dejar que se vuelva nuestra normalidad.