Si quieres la paz, prepara la guerra. Este viejo adagio romano tiene más de 1500 años de antigüedad. No por ello debería ser una noción primitiva al considerar que el camino de la paz requiere de una postura militar muy robusta. Similar postura es la que el gobierno estadounidense ha asumido bajo el lema “paz por la fuerza”. Los verdaderos expertos en guerra con formación, entrenamiento, educación y experiencia militar, hacen todos los esfuerzos posibles por evitar una confrontación armada.
La guerra no es un conflicto. Un conflicto es una incompatibilidad de metas que no pueden coexistir por alguna razón. Entonces, la guerra es una manifestación de comportamientos y actitudes que derivan de aquella incompatibilidad. Serviría preguntarse entonces cuál es la incompatibilidad estadounidense respecto a Venezuela e Irán ahora, o respecto a Irak, Vietnam y Corea en el pasado. Dejo abierta la posibilidad de que las respuestas tengan que ver con democracia, derechos humanos o con petróleo, cuando no con la dinámica económica de la industria armanentista.
Desde el involucramiento estadounidense en la Segunda Guerra Mundial hace 85 años, esa gran nación cayó en la falsa premisa de que la guerra es un buen negocio. En aquella época, sumidos en la peor crisis económica que ha tenido ese país en 250 años, el bombardeo japonés a Pearl Harbor – de por sí sospechoso – fue la excusa perfecta para echar a andar una potente dinámica socioeconómica que llevó al feliz desenlace de la liberación europea ocupada por el régimen Nazi. Pero, tristemente, terminó también con el desenlace de dos detonaciones nucleares en Japón, provocando tanto la rendición del imperio japonés tras muchos años de guerra, como la muerte de decenas de miles de civiles inocentes, víctimas de un arma de destrucción masiva experimental.
Hoy en día, nueve países en el mundo tienen armas nucleares. Por fortuna, nunca volvieron a usarse. Pero la simple amenaza de su uso es un deleznable maltrato a toda la humanidad.
Pareciera estar haciendo falta la lectura rigurosa y continua del pequeño manual titulado El arte de la guerra. Este libro, aunque escrito hace más de 2500 años por un estratega militar chino, revela enorme sabiduría sobre los riesgos y costos de un enfrentamiento bélico. Además, explica la compleja cantidad e interrelación de variables a tomar en cuenta con meticuloso estudio y reflexión antes de saltar al campo de batalla. Aunque es mil años más antiguo que la frase con la que introdujimos este comentario, este texto es de una ilustración envidiable. Aduzco que se debe al hecho de que, aunque habla en detalle riguroso sobre la guerra, termina siendo una de las obras más completas para entender la paz puesta en la balanza con la guerra.
Estos son los tiempos en los que suelen oírse las valientes voces de naciones ilustradas como la costarricense, que ha sabido por más de 75 años convivir en un vecindario convulso y con sus particulares circunstancias sociopolíticas internas sin la institución de un ejército ni el gasto público militar. Costa Rica adoptó el camino de la paz y ha procurado y procurará por siempre alcanzarla por medios pacíficos. Más de esas voces nos están haciendo falta.
Escuche el episodio 312 de Diálogos con Álvaro Cedeño titulado “Preparar la paz”.
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