
Expertos señalan que una correcta clasificación de los síntomas digestivos puede prevenir complicaciones a largo plazo.
Las molestias digestivas son más comunes de lo que se cree: inflamación, dolor abdominal, acidez o cambios en las evacuaciones forman parte del día a día de muchas personas. Sin embargo, no todos estos síntomas tienen el mismo origen.
De acuerdo con especialistas de Equilibrium, las enfermedades digestivas se clasifican principalmente en dos grandes grupos: orgánicas y funcionales. Comprender esta diferencia es fundamental para evitar la automedicación, mejorar el diagnóstico y brindar un tratamiento adecuado.
Las enfermedades digestivas orgánicas son aquellas en las que existe una alteración visible o estructural en el sistema digestivo. Estas pueden identificarse a través de estudios médicos como endoscopías, colonoscopías o imágenes diagnósticas.
Ejemplos comunes:
- Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII):enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa.
- Diverticulosis:pequeñas bolsas en el colon.
- Cáncer colorrectal:tumores en el colon o recto.
- Enfermedad Celíaca:daño en el revestimiento del intestino delgado causado por el gluten.
- Úlcera gastroduodenal:heridas en la mucosa del estómago o duodeno.
Por otro lado, las enfermedades funcionales se caracterizan porque el paciente presenta síntomas, pero los estudios no muestran una alteración estructural evidente. Esto no significa que “no haya nada”, sino que el problema está en cómo funciona el sistema digestivo.
Ejemplos comunes:
- Síndrome del Intestino Irritable (SII):caracterizado por dolor abdominal y cambios en el ritmo intestinal (diarrea/estreñimiento).
- Distensión abdominal funcional:hinchazón excesiva.
- Dispepsia funcional:dolor o molestias en la parte superior del abdomen sin causa orgánica.
- Estreñimiento funcional o Diarrea funcional:alteraciones en la frecuencia o consistencia de las heces.
Diferenciar entre enfermedades digestivas orgánicas y funcionales no solo es un concepto médico, sino una herramienta clave para el paciente. Mientras las primeras requieren identificar y tratar una causa estructural específica, las segundas implican entender cómo está funcionando el sistema digestivo y qué factores pueden estar alterándolo, como el estrés, la alimentación o los hábitos diarios.
El Dr. Marlon Rojas, gastroenterólogo de Equilibrium, explicó:
Las enfermedades funcionales no son menos importantes. Aunque no se detecten en estudios tradicionales, pueden afectar significativamente la calidad de vida de los pacientes y requieren un abordaje integral”.
Uno de los principales retos en salud digestiva es la normalización de los síntomas. Muchas personas conviven durante años con molestias como gases, acidez, distensión o estreñimiento, sin buscar atención médica, bajo la creencia de que “es normal”.
Sin embargo, estos síntomas son señales del cuerpo que no deben ignorarse, especialmente cuando son persistentes o afectan la calidad de vida.
El Dr. Rojas agregó:
Muchas personas normalizan síntomas como la inflamación, el dolor o los cambios en las evacuaciones. Entender si se trata de una enfermedad orgánica o funcional permite definir el tratamiento correcto y evitar complicaciones a futuro”.
El especialista recalca que un diagnóstico correcto permite no solo descartar enfermedades orgánicas de mayor complejidad, sino también evitar tratamientos innecesarios. En muchos casos, los pacientes con enfermedades funcionales pasan por múltiples estudios antes de recibir una explicación clara de sus síntomas.
Por eso, la valoración por un especialista es fundamental para definir el origen del malestar y establecer un plan de tratamiento adecuado y personalizado.
