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Plataformas de bien

Vivimos inmersos de plataformas. YouTube conecta creadores de contenido con audiencias. La feria del agricultor conecta productores con consumidores. Los algoritmos de las redes sociales conectan publicaciones con usuarios.¿Qué pasaría si ese mismo modelo se aplicara al bien?

Partamos de un axioma que es fácil de defender: hay más bien que mal en el mundo. Mucho más. Si la mayoría de las personas violara las leyes, ningún cuerpo policial sería suficiente para contenerlo. Si la mayoría mintiera habitualmente, la vida social sería inmanejable. El hecho de que podamos confiar en lo que nos dicen, cooperar con desconocidos y planear juntos hacia objetivos comunes es prueba de que el bien es la norma, no la excepción.

Mientras tanto, los noticieros están llenos de violencia, crisis y escándalos. Esto no es casualidad. Los medios tradicionales y los influenciadores digitales operan bajo una lógica de mercado que premia lo que genera reacción: la sorpresa, el miedo, lo altisonante, la polarización. La mala noticia vende porque genera expectación. El escándalo atrae clics porque activa el sistema nervioso. Aunque la mayoría de las personas hace el bien la mayor parte del tiempo, lo que consumimos es una curaduría de excepciones perturbadoras.

El resultado es que muchas oportunidades de propagar el bien se estancan, no porque falten personas dispuestas a hacerlo, sino porque no existe el canal que las conecte con quienes querrían consumirlo.

Aquí es donde el concepto de plataforma cobra un sentido diferente. Una plataforma del bien no tendría que inventar la bondad humana: solo tendría que facilitar su encuentro. Así como la feria del agricultor no crea los productos sino que crea las condiciones para que el productor y el consumidor se encuentren a un precio justo y sin intermediarios, una plataforma del bien crearía las condiciones para que quienes quieren ayudar se encuentren con quienes necesitan ayuda.

El desafío está en el algoritmo. Las plataformas actuales optimizan para la atención, no para el bienestar. Un algoritmo alternativo podría optimizar para el encuentro genuino: la persona que busca orientación con quien sabe orientar; la comunidad que necesita apoyo con quien tiene voluntad de darlo; el conocimiento útil con quien lo puede aplicar.

No se trata de crear una red social del optimismo ni de filtrar toda realidad incómoda. Se trata de reconocer que la economía de la atención nos ha entrenado para consumir lo que nos paraliza, cuando podríamos estar consumiendo lo que nos activa, fertiliza, restaura y conecta con los demás.

El bien, como la vida misma, es resiliente y regenerador. Una célula herida se sana. Una comunidad rota puede reconstituirse. Una persona desorientada puede encontrar su camino. Pero todo eso necesita condiciones. Necesita un espacio donde ocurra el encuentro.

La feria del agricultor existió porque alguien decidió crear ese espacio. La plataforma del bien también puede existir. Solo falta quien decida diseñarla con esa intención.

Escuche el episodio 313 de Diálogos con Álvaro Cedeño titulado “Plataformas de paz”.

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