Clásico de Alejandro Casona llega con una lectura contemporánea sobre salud mental, identidad y sentido.
El Teatro Popular Melico Salazar y la Compañía Nacional de Teatro llevarán a escena la obra del dramaturgo español Alejandro Casona "Prohibido suicidarse en primavera" a partir del 23 de abril en el Teatro de La Aduana Alberto Cañas.
Sobre esta obra, desde el Ministerio de Cultura y Juventud señalaron:
Vista desde el siglo XXI, esta puesta en escena traslada el clásico a una experiencia contemporánea que dialoga con los quiebres emocionales actuales, abordando la salud mental desde el humor, la ironía y una sensibilidad profundamente humana".
El ministro de Cultura y Juventud, Jorge Rodríguez Vives, añadió:
El arte tiene la capacidad de abrir espacios de encuentro incluso en los temas más complejos. Esta puesta en escena nos recuerda que la cultura no solo entretiene, también nos interpela, nos acompaña y nos permite reconocernos en los otros. Apostar por el teatro es apostar por la vida en comunidad, por el diálogo y por la posibilidad de encontrar sentido, incluso en medio de la incertidumbre”.
La historia sitúa al espectador en un espacio donde el tiempo parece suspendido: un lugar habitado por personas que han dejado de intentarlo, que sostienen versiones de sí mismas que aún funcionan… hasta que dejan de hacerlo. La llegada de nuevos personajes rompe esa aparente estabilidad y expone, con agudeza, las tensiones entre el agotamiento, el deseo de desaparecer y la posibilidad de quedarse.
Lejos de ofrecer respuestas, la propuesta escénica apuesta por la fricción: entre lo absurdo y lo profundamente humano, entre la risa y la incomodidad, entre lo que se dice y lo que se evita. Se trata de una experiencia que interpela directamente a audiencias contemporáneas atravesadas por preguntas urgentes sobre identidad, sentido y futuro.
Laura Santamaría, directora de la Compañía Nacional de Teatro, subrayó el valor del teatro como espacio de encuentro:
En tiempos donde la incertidumbre y los retos ponen a prueba nuestros procesos creativos y humanos, el teatro se reafirma como un espacio de encuentro, de resistencia y de profunda conexión. Esta puesta en escena es también testimonio de esa capacidad de seguir creando, de sostenernos en comunidad y de apostar, una y otra vez, por el arte como camino y como refugio”.
Santamaría añadió:
La dirección está a cargo de Kar Barquero, quien propone una lectura alejada de lo literal para construir un estado emocional compartido. “Esta no es una casa. Es una pausa. Un espacio donde lo real y lo psicológico conviven sin jerarquías. Nos interesaba trabajar desde la fragmentación: del espacio, de los cuerpos, de las identidades. Cada elemento escénico no acompaña la historia, la piensa, la tensiona y la expone”.
Desde esta visión, la obra se configura como una arquitectura emocional donde lo íntimo y lo colectivo se superponen constantemente. Barquero agregó:
Volver a este texto hoy no es actualizarlo, es activar su urgencia. Estamos en un contexto donde hablar de salud mental es inevitable, pero muchas veces lo hacemos desde la distancia. Esta obra busca colocar al espectador dentro de ese sistema emocional y obligarlo a reconocerse, incluso en la incomodidad”.
Con un lenguaje accesible, pero de alta densidad conceptual, la puesta logra un balance entre humor, ironía y profundidad emocional, generando una experiencia que no solo se observa, sino que permanece, se discute y se procesa más allá del escenario.

La obra, recomendada para personas mayores de 15 años, se presentará del 23 de abril al 17 de mayo, de jueves a sábado a las 7 p.m. y domingos 5 p.m., las entradas tienen un costo de ₡8.000 la entrada general, ₡4.000 para personas estudiantes, adultas mayores y con tarjeta BRETE, y el ingreso es gratuito para la población IMAS (aplican restricciones).
