La historia de hoy se las trae y puede que al final estemos o no de acuerdo, pero hemos llegado a niveles sensibles del uso de la IA en el arte. Vengo esta semana con una vivencia fresca que me marcó para bien y para mal. Lo que iba a ser una tarde tranquila de doom scrolling en búsqueda del post literario perfecto terminó siendo otra cosa: de repente, un anuncio llamó mi atención.
Lo que a todas luces era un anuncio común y corriente sobre un libro se volvió la crónica de una situación incómoda. Procedí a abrirlo porque quería más información y lo que iba viendo me iba gustando. Portada interesante. Sinópsis interesante. ¡Hasta audiolibro!
Y es que los audiolibros y yo somos BFFs últimamente, porque es mi forma de avanzar con algunos libros pendientes mientras me movilizo a la oficina (que conste que pierdo tres horas de vida en presa, dos veces a la semana; en el macro de las cosas no me va tan mal, pero aun así…), por lo que fui a ver quién lo había narrado, porque también busco tipos de voz específicos para poder prestar atención.
Mi sorpresa vino cuando el audiolibro anunciado a bombo y platillo decía: “Narrado por IA”.
¡Por la gran…!
¿Cómo que narrado por IA?
Jesús. Fui y abrí la muestra para escuchar, y me intentó endulzar el oído aquella voz que era una mezcla del 900-en línea del 2004 y Nancy Dobles en sus tiempos de A Todo Dar (si entendió ambas referencias, mejor vaya a revisarse las rodillas y hacerse un hemograma completo).
¿Cuál es el afán de quitarle el trabajo a artistas talentosos que prestan su voz? ¿Es este el futuro del negocio editorial? Estoy profundamente preocupado por hacia dónde nos dirigimos. Ya hay “escritores” que le piden a la IA que les escriba sus libros y suben hasta tres por día en las plataformas digitales.
Perdemos lo orgánico, lo que nos hace humanos cuando una máquina nos habla. La voz respira, se detiene, nos da un tono, se equivoca, y esas son cosas que las máquinas aún no pueden igualar. Automatizar no significa sustituir. Seguimos necesitando el criterio y el análisis crítico. Y no, esto no es culpa del arte.
