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Medicina marítima: la gran olvidada de la salud pública en Costa Rica

Costa Rica se enorgullece de tener un sistema de salud universal, un territorio marino once veces más grande que el continental y una economía que depende del turismo costero, la pesca y los puertos. Sin embargo, existe una paradoja incómoda: mientras nuestros mares generan riqueza y empleo, la salud de quienes trabajan en ellos vive en un vacío institucional. La medicina marítima —una especialidad reconocida en el mundo— es prácticamente inexistente en el país. Esta no es una omisión menor; es una brecha crítica de equidad, un incumplimiento de tratados internacionales y un riesgo estratégico para la "economía azul" nacional.

Como recientemente expuse en un artículo publicado en Acta Médica Costarricense, la medicina marítima va mucho más allá de atender un mareo o un corte a bordo. Es una disciplina integral que combina prevención (reconocimientos médicos obligatorios antes del embarque, control de botiquines, formación sanitaria a tripulantes) y asistencia (telemedicina 24/7, medicina hiperbárica, protocolos de evacuación aeromédica, etc.). Países con tradición marítima, como España con su Instituto Social de la Marina, lo tienen estandarizado. Nosotros, no.

Lo más grave es que esta desprotección constituye un incumplimiento normativo explícito. Costa Rica es signataria del Convenio sobre el Trabajo Marítimo (MLC, 2006) de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y del Convenio STCW de la Organización Marítima Internacional (OMI). Ambos exigen reconocimientos médicos de embarque obligatorios y garantías de salud para la gente de mar. Sin embargo, a la fecha, no existe un protocolo nacional, ni médicos capacitados, ni una autoridad designada para hacer cumplir estas disposiciones. Miles de trabajadores costarricenses del mar están, de facto, en un limbo de vulnerabilidad.

Frente a este panorama, el llamado a la acción no puede quedarse en las páginas de una revista académica. El Colegio de Médicos y Cirujanos, el Ministerio de Salud y la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) deben actuar ya. Propongo cuatro pasos concretos:

  1. Formación: Incorporar módulos introductorios sobre medicina marítima en los estudios de pregrado de medicina. Incluir contenidos específicos en las especialidades médicas existentes en Costa Rica sobre telemedicina y evacuaciones. Crear y validar programas de posgrado sobre medicina marítima, como los que ofrecen universidades de países con amplia experiencia en el tema. Costa Rica cuenta con varios profesionales formados en esta área que pueden colaborar en el desarrollo de estos programas.
  2. Protocolos nacionales: Crear, de manera interinstitucional, un sistema para los reconocimientos médicos de embarque según estándares STCW y una red de respuesta a emergencias marítimas (incluyendo un centro de telemedicina).
  3. Investigación local: Financiar estudios epidemiológicos que midan los riesgos reales de nuestros trabajadores del mar.
  4. Articulación internacional: Establecer convenios con el Instituto Social de la Marina de España y adherirse a redes globales como la Asociación internacional de Salud Marítima (International Maritime Health Association - IMHA).

Cerrar esta brecha no es un ejercicio académico. Es un imperativo de justicia social para con una población trabajadora esencial pero invisibilizada. Es también una oportunidad: convertir nuestra vocación oceánica en un ejemplo de desarrollo sostenible y salud pública. El bienestar de quienes trabajan en el mar y la resiliencia de nuestra economía azul dependen de las decisiones que tomemos hoy. ¿Asumiremos el Colegio de Médicos, las autoridades sanitarias y el país la responsabilidad de navegar hacia una solución? Espero que sí, porque el puerto de la indiferencia ya no es una opción.