
“Entender es aliviar”, la frase de la psiquiatra Marian Rojas Estapé sintetiza el espíritu de este comunicado: comprender los procesos naturales del cuerpo es el primer paso para vivirlos con serenidad, respeto y bienestar.
La menopausia y la andropausia son etapas biológicas inevitables, pero la forma en que la sociedad las percibe, acompaña y nombra puede marcar la diferencia entre un tránsito saludable y una experiencia cargada de prejuicios o silencios.
En Costa Rica, los datos son claros: la edad promedio de la menopausia se sitúa alrededor de los 47 años y 5 meses, según investigaciones realizadas en el Hospital San Juan de Dios. Esto significa que muchas mujeres atraviesan este proceso en plena vida laboral y familiar, lo que refuerza la necesidad de políticas de acompañamiento y programas de salud que consideren esta etapa como parte integral de la vida.
La menopausia puede presentarse de forma prematura en un 8,6 % de las mujeres (antes de los 40 años) y precoz en un 9,4 % (entre los 40 y 44 años), según datos del UNFPA. Estos porcentajes no son menores: implican que una de cada diez mujeres costarricenses podría enfrentar la menopausia antes de lo esperado, con implicaciones físicas y emocionales que requieren atención temprana.
“La menopausia es una etapa natural de salud que merece atención, información y acompañamiento. Escuchar tu cuerpo, cuidar tu alimentación, trabajando fuerza con cardio y priorizar tu bienestar no es opcional… es parte de vivir esta transición con calidad de vida”, indicó Marcela Vargas, wellnes coach de Interactive by Marce.
Los riesgos asociados no deben ignorarse. Estudios locales señalan que entre mujeres posmenopáusicas, un 47 % presenta osteopenia y un 39 % osteoporosis, condiciones que elevan el riesgo de fracturas y complicaciones de salud. Además, los cambios corporales en esta etapa también se relacionan con mayor probabilidad de problemas cardiovasculares y metabólicos, lo que refuerza la importancia del diagnóstico temprano y la prevención.
En el caso de los hombres, la conversación sobre la andropausia aún es incipiente. Sin embargo, la evidencia médica internacional indica que a partir de los 40 años, los niveles de testosterona descienden en promedio un 1 % anual. Este proceso puede hacerse más evidente entre los 50 y 55 años, manifestándose en síntomas como disminución del deseo sexual, pérdida de masa muscular, fatiga, irritabilidad, alteraciones del sueño y cambios en la densidad ósea.
“Hablar de andropausia en voz alta es un reto pendiente en Costa Rica. Socialmente, se ha tendido a asociar estos cambios con debilidad o pérdida de masculinidad, lo que genera que muchos hombres no busquen atención médica oportuna. No obstante, reconocerla como una etapa natural y digna de acompañamiento puede ser un paso esencial hacia una salud masculina integral”, agregó la vocera.
Tanto la menopausia como la andropausia deben dejar de concebirse desde etiquetas peyorativas o burlas sociales. Son procesos fisiológicos que, como sociedad, debemos entender, educar y acompañar. Hablar de ellos no solo ayuda a quienes los viven, sino que también crea entornos familiares, laborales y sociales más solidarios, menos prejuiciosos y más saludables.
La educación es clave. Saber qué esperar en la perimenopausia, la menopausia y la posmenopausia en el caso de las mujeres, o qué cambios trae consigo el descenso progresivo de la testosterona en los hombres, permite afrontar los síntomas sin miedo ni vergüenza. Y, sobre todo, ayuda a buscar apoyo profesional en el momento adecuado.
La actividad física juega un papel fundamental en ambas etapas. Los especialistas recomiendan priorizar ejercicios de fuerza -como el levantamiento de pesas adaptado a cada edad y condición física-, ya que ayudan a mantener la masa muscular, la densidad ósea y el metabolismo activo. Esto no excluye actividades cardiovasculares, pero sí pone énfasis en un entrenamiento integral.
Junto al ejercicio, la alimentación balanceada, la suplementación en caso de ser necesaria, el manejo del estrés y el acompañamiento emocional son pilares que permiten vivir estas etapas con mayor calidad de vida. La vulnerabilidad que se abre en estos momentos también puede ser una oportunidad para revalorar el autocuidado y priorizar la salud de manera integral.
“Desde un enfoque de derechos humanos, tanto la menopausia como la andropausia deben abordarse como procesos naturales que no pueden ser estigmatizados ni invisibilizados. El acceso a información clara, consultas médicas oportunas, tratamientos accesibles y espacios de apoyo comunitario son parte de lo que garantiza que hombres y mujeres puedan transitar con dignidad estos cambios”, agregó Vargas.
Finalmente, este comunicado es un llamado a la acción: a los medios de comunicación, para dar voz a estas realidades; a las autoridades de salud, para reforzar programas de atención integral; a los profesionales médicos, para brindar acompañamiento humano y actualizado; y a la ciudadanía, para hablar de estos temas sin tabúes. La menopausia y la andropausia no son un final, son una transición que merece ser vivida con conocimiento, respeto y acompañamiento.

