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La próxima era de la electricidad: una solución a la inflación energética

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La inflación energética se traduce en facturas más altas en el hogar, industrias y en el consumo de gasolina. Hay un cuello de botella geopolítico que tira de la cuerda de los precios. Según la U.S. Energy Information Administration (EIA), alrededor de una quinta parte de las exportaciones mundiales de petróleo crudo se mueve por mar y pasa por el Estrecho de Ormuz. Es decir, una interrupción puede empujar, con efecto dominó, la factura de hogares, comercios e industrias en todo el mundo. Esta vulnerabilidad explica por qué, incluso cuando la economía intenta volver a la normalidad, la energía puede encender la chispa de la inflación.

“La reanudación del flujo a través del estrecho de Ormuz sigue siendo la variable más importante para aliviar la presión sobre el suministro de energía, los precios y la economía mundial”.

El informe de abril de la Agencia Internacional de Energía (IEA) también señala otro aspecto de la realidad energética: se prevé que, hasta 2030, el consumo de electricidad crezca al menos 2,5 veces más rápido que la demanda energética total. Y las economías emergentes siguen siendo el principal motor del crecimiento de la demanda, representando casi el 80% del consumo adicional de electricidad en los próximos cinco años.

En la década que viene, la respuesta a las vulnerabilidades y a las necesidades expuestas estará dada por una economía eléctrica más inteligente, llamada Electricidad 4.0: una red digitalizada, interconectada y capaz de combinar eficiencia, generación distribuida y almacenamiento para absorber shocks externos sin trasladarlos de forma descontrolada a la factura final.

La Electricidad 4.0 se apoya en tres pilares que hay que entender como un sistema flexible, no como una suma de tecnologías aisladas. En primer lugar está la optimización en tiempo real. Las redes modernas deben saber, minuto a minuto, qué generación está disponible, qué demanda se espera y cómo ajustar el despacho sin dejar a nadie sin luz. Esa gestión predictiva reduce picos de precio y evita que la volatilidad de un mercado de petróleo afecte, de forma desproporcionada, a la electricidad.

Luego tenemos el aspecto vinculado con el almacenamiento: baterías, hidrógeno y soluciones híbridas permiten guardar la energía cuando hay exceso y liberarla cuando hay escasez, amortiguando así las subidas de precio en momentos críticos. El tercer aspecto es la existencia de una matriz diversificada: una mixtura de energías renovables locales y conexiones regionales que permiten intercambiar excedentes, reducir la exposición a cualquier combustible único y estabilizar el costo para consumidores y empresas.

En hogares, comercios e industrias, la Electricidad 4.0 se traduce en consumo más inteligente: tarifas dinámicas que recompensan la reducción en picos, instalaciones de autoconsumo con respaldo y sistemas de gestión que permiten a una empresa apagar máquinas no críticas cuando el precio del kilovatio sube. Para la industria, implica planificar procesos con electrificación gradual, inversiones en infraestructura para microrredes y acuerdos de compra de energía (PPAs) que incluyan almacenamiento. En el ámbito público, exige marcos normativos que faciliten interconexiones regionales, inversión en redes e incentivos para la eficiencia y la innovación.

Este enfoque es una política de estabilidad. La EIA advierte que una parte significativa del petróleo mundial depende de rutas marítimas seguras, y la IEA ha destacado que los choques de suministro pueden traducirse en movimientos bruscos de precios y volatilidad. Si gobernanza, inversión pública y actuación del sector privado se coordinan para acelerar redes inteligentes, almacenamiento y generación distribuida, la economía gana capacidad de absorber shocks sin que el coste recaiga de manera desproporcional en hogares y empresas.

La ruta hacia la autonomía y la estabilidad pasa por una Electricidad 4.0 que haga más eficiente, más flexible y más diversificada la producción y el consumo. Tecnología y políticas públicas deben ir de la mano: más inversión en redes, más demanda gestionada y más contratos innovadores con almacenamiento. Así, incluso ante tensiones geopolíticas, la energía seguirá siendo un motor de crecimiento y no un factor de sobresaltos para consumidores, comercios e industrias.

Artículo por María José Bazo, presidenta del clúster de Schneider Electric en Centroamérica. Artículo por María José Bazo, presidenta del clúster de Schneider Electric en Centroamérica.