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¡La paz esté con ustedes!

Este es el saludo de Jesús Resucitado cuando se presenta ante los apóstoles donde se hallaban reunidos por miedo a los judíos.

Este fue también el saludo del papa León XIV cuando por primera vez recién electo se dirige a Roma y al mundo:

¡La paz esté con todos ustedes! Queridos hermanos y hermanas, este es el primer saludo de Cristo resucitado, el Buen Pastor, que ha dado la vida por la grey de Dios. También yo quisiera que este saludo de paz entrara en sus corazones, llegara a sus familias, a todas las personas, dondequiera que estén, a todos los pueblos, a toda la tierra. ¡La paz esté con ustedes! Esta es la paz de Cristo resucitado, una paz desarmada y una paz desarmante, humilde y perseverante. Proviene de Dios, Dios que nos ama a todos incondicionalmente.”

En nuestros tiempos, en los años posteriores a la II Guerra Mundial, el mundo bajo el liderato de los Estados Unidos buscó construir un entramado de relaciones internacionales que propiciaran la paz y la convivencia entre las naciones basada en normas prestablecidas que limitaran el uso unilateral del poder. Se dio una institucionalidad internacional y un conjunto de normas y tribunales de derecho internacional que propiciaron el respeto a la soberanía territorial y a los derechos humanos.

Claro que como toda creación humana es una creación defectuosa, y claro que los poderes hegemónicos en ocasiones abusaron de su fuerza y quebrantaron las nuevas normativas. Y que también naciones menos poderosas produjeron episodios de crueldad inhumana.

Pero, la humanidad vivió años más pacíficos que durante la mayor parte de su historia.

La Iglesia Católica compartió la vocación por esa nueva institucionalidad.

Este año el papa León XIV participó en su primera Jornada de la Paz, en su quincuagésima novena celebración. Estas Jornadas fueron establecidas por el Papa San Paulo VI para que cada año “se repitiese como presagio y como promesa”. No como una visión exclusiva católica, sino que “querría encontrar la adhesión de todos los amigos de la Paz como si fuese iniciativa suya propia”.

El papa León denominó su mensaje para el Dia de la Paz:

La paz esté con todos ustedes: hacia una paz “desarmada y desarmante”.

Y lo inició con el saludo del Señor Jesús con el que titulo este artículo.

En ese mensaje el Papa León XIV nos señala que cada uno de nosotros en nuestro corazón debemos anidar la paz y portarla para los demás.

Nos indica:

La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”.

Pero nos advierte:

Lamentablemente lo contrario —es decir, olvidar la luz— es posible; entonces se pierde el realismo, cediendo a una representación parcial y distorsionada del mundo, bajo el signo de las tinieblas y del miedo. Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás”

La paz esté con Ustedes es el saludo que por milenios ha caracterizado al cristianismo. Es el saludo que los católicos recibimos en la santa misa y que se nos pide compartir con nuestros hermanos.

Por eso no es de extrañar que ante las guerras que convulsionan nuestros días el Obispo de Roma clame por la paz.

Lo ha vuelto a hacer en su viaje a África en la visita a Camerún donde alabó y celebró con cristianos y musulmanes la unión para promover la paz y el entendimiento entre estas religiones.  En Camerún el papa León nos recordó: “No hay que inventar la paz, hay que acogerla asumiendo al prójimo como nuestro hermano y como nuestra hermana. Nadie elige a sus hermanos y hermanas: ¡solo tenemos que aceptarnos unos a otros! Somos una sola familia y habitamos la misma casa …” y clamó:

Caminemos juntos, en el amor, buscando siempre la paz”.

El amor que permite la convivencia pacífica es el centro del mensaje cristiano.

En la antigüedad ya se había dado el debate entre el poder como medio para servir y el poder como atributo para el poderoso. El poder como atributo para el poderoso es también el poder de imponerse por la violencia, por la guerra.

Es la vieja disputa de Sócrates y Trasímaco descrita por Platón en los diálogos socráticos en La República. Para Trasímaco el gobernante llega por ser poderoso y al pueblo le conviene que gobierne el poderoso, aunque lo haga para satisfacer sus intereses personales. Si este es el caso lo que conviene es dejar el máximo de oportunidades abiertas para que se expresen los intereses de quienes gobiernan. Para Sócrates gobernar es cumplir una tarea como lo es cualquier actividad humana en sociedad. Se es gobernante para cumplir con la función de gobernar, como se es médico para cumplir con la función de sanar. El médico es médico para recuperar la salud de los enfermos, el gobernante es gobernante para promover el bienestar de los ciudadanos.

La institucionalidad democrática se debe construir para promover el bien común. Esto obliga a que el poder sea limitado con competencias preestablecidas, que solo pueda actuar para cumplir la finalidad propia de cada institución, que haya división del poder para que el poder limite al poder, que haya derechos fundamentales de las personas que el poder no deba conculcar, que el pueblo defienda su libertad y las limitaciones de los gobernantes.

La moral, los valores que el papa defiende al promover la paz son parte de los principios que deben limitar al poder.

Claro que la prevalencia de la paz depende en parte de evitar la guerra. Claro que no podemos ser ingenuos y creer que el bien siempre vence y la paz siempre impera. Claro que las personas debemos organizarnos en sociedades de manera que nuestras acciones promuevan la paz, desalienten la violencia, hagan poco atractiva la guerra. Claro que en la historia la propia Iglesia Católica hubo períodos en que usó el poder temporal para imponerse con violencia y con guerra.

Pero nada de eso es razón para negar al Papa y a las personas de buena voluntad predicar el amor y la paz. La conversión personal de cada persona al amor como control del egoísmo, a la paz como control de la violencia, promueve la paz y la felicidad de todos.

¡La paz esté con Ustedes!