Costa Rica es mucho más mar que tierra. Su territorio marino es 11 veces mayor que su superficie continental. Además, es un país profundamente oceánico. Más del 90% de su área se encuentra a profundidades superiores a los 200 metros. El punto más profundo alcanza los 5250 metros, muy por debajo de la cima más alta del país, el cerro Chirripó, con 3820 metros.
Las profundidades del océano son ambientes extremos: oscuridad total, bajas temperaturas y una presión inmensa. Condiciones que parecerían incompatibles con la vida tal como la conocemos en tierra firme. Sin embargo, estos ecosistemas albergan una sorprendente diversidad de organismos adaptados a lo inimaginable, y cumplen un papel fundamental en el funcionamiento del planeta.
A pesar de su importancia, esta vasta región profunda ha sido poco explorada. Las primeras expediciones científicas datan de finales del siglo XIX, pero durante décadas fueron esporádicas y limitadas. No fue sino hasta la década de 1980 cuando comenzaron investigaciones sistemáticas en el Pacífico costarricense, especialmente en geofísica y geología del fondo marino.
Estas expediciones permitieron generar los primeros mapas detallados que mostraban el relieve del fondo del mar y su profundidad, conocidos como mapas batimétricos, además de comprender mejor el proceso de subducción de la placa del Coco bajo el continente y obtener información clave sobre la generación de sismos y otros fenómenos submarinos, como deslizamientos.
Entre los hallazgos más notables destacan los sitios de emisión de metano, un gas que se forma a partir de restos acumulados de organismos enterrados en el fondo del mar. Con el tiempo, estos restos se descomponen y generan metano, que queda atrapado en los sedimentos y debido a la alta presión y las bajas temperaturas se congela. Sin embargo, el metano puede liberarse, en forma de gas, cuando estos sedimentos son perturbados, por ejemplo, al interactuar con volcanes submarinos transportados por la placa del Coco. Aunque el metano es tóxico para los animales, constituye una fuente de energía para bacterias y arqueas, microorganismos que son base alimenticia y sustentan la vida en estos ecosistemas únicos. Estos sitios funcionan como verdaderos oasis de vida en el fondo marino, donde numerosos organismos encuentran alimento.
Costa Rica ha sido un país privilegiado en cuanto a la exploración de sus profundidades marinas, con más investigaciones que la mayoría de los países de América Latina. En años recientes, además, ha aumentado la participación activa de científicos y estudiantes costarricenses. A diferencia de lo que ocurría antes, ahora las muestras recolectadas se conservan en el país, fortaleciendo la investigación científica nacional.
Este avance en el conocimiento ha impulsado iniciativas de divulgación como la campaña Costa Rica Desconocida, que busca acercar al público a la riqueza, fragilidad e importancia del mar profundo. A través de exposiciones, charlas y murales en distintas comunidades, se promueve una mayor conciencia y se fomenta la protección de estos ecosistemas. Más información puede encontrarse en este sitio web.
Costa Rica tiene la oportunidad y la responsabilidad de continuar liderando la investigación, divulgación, protección y conservación de sus ecosistemas marinos profundos.
